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Soda Tecno

Soda Stereo, ese power trío conformado en 1982 por Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, edita su primer álbum en 1984, llega a vender más de 20 millones de copias en todo el mundo. Bienvenidxs a este viaje de música ligera (y no tanto).

Audio de la nota, por Melissa Bargman. Con mucha Soda de fondo, por supuesto.

Para leer esta nota, será necesario desempolvar el viejo tocadiscos guardado en el placard, limpiarle un poco la púa y buscar esos vinilos olvidados en el estante más distante del mueble, ése que suele estar más abajo, desordenado y, por lo general, oculto por otros grandes objetos más cómplices de la ajetreada vida diaria en la que continuamente sentimos que nos hacen falta vitaminas. Ahí están, un poco agrietados, con la portada desteñida, se les caen unos pedacitos de cartón, sobrevivientes de las garras del tiempo, y nos hacen toser un poco por el aire contaminado de partículas de años de silencio en pausa.

Pasamos por Charly y sus hoteles demolidos, el Flaco en sus puentes amarillos y se cae un disco, con tres muchachos en estilo caricatura sobre un fondo gris, sencillo y a la vista insípido. ¿Qué es en realidad? La puerta de entrada a un viaje futurista de una de las bandas más legendarias del rock nacional y latinoamericano. Soda Stereo, ese power trío conformado en 1982 por Gustavo Cerati, Zeta Bosio (Héctor Pedro Juan Bosio) y Charly Alberti (Carlos Alberto Ficicchia), edita su primer trabajo discográfico en 1984, llega a vender más de 20 millones de copias en todo el mundo y da casi 1.500 recitales en 97 ciudades de América y Europa.

Hora de “poner play”. Todos conocemos la historia de esta banda y más de una vez cantamos “de aquel amor de música ligera, nada nos libra” pero mucho queda en el vaso de soda. En esta ocasión, no vamos a repasar hitos o hablar de récords, eso se lo dejamos a los datos del panel de conocimiento de Google. Todo lo contrario, vamos a levantar la persiana americana de algunas de las canciones reunidas en sus 7 álbumes de estudio y buscaremos un “mensaje entre líneas” premonitorio de algoritmos, satélites, redes, tecnologías y demases artilugios que definen nuestra vida, entre caníbales de información.

¿Comunicación sin emoción?

Para comenzar esta aventura futurista un tanto ambiciosa es necesario conocer, como en cualquier investigación, la procedencia de nuestros interlocutores. Cerati y Zeta se conocieron en 1979 mientras cursaban juntos la carrera de Comunicación en la Universidad del Salvador. No es un dato menor a la hora de hacer una lectura más profunda de sus composiciones. Basta con escuchar la intro de “Nada Personal” en la que se denuncia una “comunicación sin emoción, una voz en off con expresión deforme”, una especie de robot, un autómata, un chatbot, traductor automático, algún producto de la Inteligencia Artificial que busca imitar al ser humano en su forma de aprender e interactuar. En la canción, ese desesperado personaje reclama que “sería tan bueno tocarte, pero es inútil, tu cuerpo es de látex”. Si nos ubicamos en tiempo y espacio, esa fantasía tiene como protagonista a un cuerpo fabricado por ceros y unos, pantallas que transmiten a través de millones de terabytes, esa “imagen de video” en la que nuestro personaje stereo busca calor. 

Esa ambición por hallar a un otro en el mundo virtual (ahora devenido real) no es más que un conjunto de “Signos”, en los que “me amas a oscuras y duermes envuelta en redes”… esas redes, plataformas, aplicaciones que recorremos como laberintos buscando amigos, parejas, encuentros casuales. Espacios repletos de identidades construidas hasta el más mínimo detalle, frente a las cuales muchos nos desanimamos al descubrir que “No existes” o no se corresponden con aquello que tanto nos ilusionó. Expectativas que son el resultado de esa “Polaroid sobre la silla, brillante truco de apariencias”: ¿curioso, no? Si nos detenemos a pensar el logotipo de la marca que representa a Instagram, la plataforma que se centra en una imagen íntegramente editable, con millones de filtros. En 2014, la empresa Socialmatic logró obtener los derechos de Polaroid para fabricar una cámara analógica que estuviera equipada con muchas de las funcionalidades de Instagram

Las apariencias siempre fueron un tema recurrente en las canciones de la banda, esa búsqueda de razones de “¿Por qué no puedo ser del Jet Set?”, de aquel que tiene el bolsillo agujereado, pero al menos tiene un Rolex que lo “ha robado”. Un Jet Set que en nuestro mundo virtual implica alcanzar cientos, miles, millones de seguidores, retwits, “me gustas” a cualquier precio, para cumplir con el sueño de convertirse en referente, “influencer” en los que las marcas depositen su ambición de ventas y publicidad.

Se pueden encontrar algunos destellos de crítica al consumo masivo y excesivo que evidencia la formación académica de la banda. Al tomar la púa y regresarla al primer disco homónimo lanzado en 1982, se puede cantar a coro “El tiempo es Dinero” que cita a Dorian Grey, el memorable personaje de Oscar Wilde, quien recurre a las vías más impensadas para no envejecer, esa exigencia social de mantenerse joven, impoluto y resistente al paso del tiempo. Imposible misión que implica comprar productos de belleza, someterse a tratamientos, seguir recetas mágicas que nos bombardean desde los cientos de fuentes de información que consumimos todos los días. Basta con tipear “no envejecer” en Google para que el buscador en sólo 0.37 segundos nos arroje “Cerca de 23,000,000 resultados”. Advertencia: al llegar al final de los resultados, es probable que ya tengamos un par de canas o arrugas más.

Retrocediendo al track 5 del disco, resuena otra perlita paródica de la sociedad consumista, “Dietético”, de un “conjunto dietético que busca un paraíso estético”. La canción resulta ser, desde la pensada exageración superficial, un crudo retrato de la sociedad de culto a la imagen con “nuevas mentes descremadas, siluetas de gimnasia” en la que “te quiero pero estás tan gorda, presiento que no sos moderna”. Detrás de canciones que, en apariencia, buscan el hit bailable clásico de los 80’, la banda hace una descripción de una lógica capitalista en la que nos hacen falta vitaminas, tratándonos suavemente.

Satélites (Observándonos)

“Las calles peligran, los bares se cierran”. Sí, parece la descripción de la cuarentena del 2020, ¿no? Una especie de premonición pandémica que se remonta al año 1985, en el lado B del disco “Nada Personal”. Un contexto un tanto apocalíptico en el que Cerati impera que “Apaguen ese monitor”, los expulsa fuera de su órbita y afirma que fuera de la atmósfera es donde se siente mejor porque “a nuestro alrededor hay satélites, observándonos”. Al mejor estilo de denuncia persecutoria implora “retiren el bloqueo, déjenme, suéltenme, quiero dar un paseo”. 37 años después, parece no haber un escape fuera de la atmósfera de dispositivos móviles, cámaras de vigilancia, GPS que llevamos en el bolsillo… observándonos. Esos miles de millones de bits que construyen un retrato casi perfecto de nuestras vidas (gustos, amigos/as, relaciones, intereses) viajan en tiempo real por cables submarinos (en nuestro país, ubicados en Las Toninas) que conectan los lugares más recónditos del mundo. A pesar de que estemos a un millón de años luz de casa, podrán encontrarnos. 

Los satélites tampoco se quedan atrás. La UCS (Union of Concerned Scientists), organismo que lleva adelante un conteo actualizado de la cantidad de satélites que orbitan en la tierra, en enero del 2022 detectó aproximadamente 4852 satélites orbitando alrededor del planeta. Estos cuerpos artificiales que nos vigilan y sobrevuelan como gigantes invisibles, cumplen las más diversas funciones y son propiedad de gobiernos y empresas. No es menor subrayar esta cuestión: sin ir más lejos, este mes nos enteramos que Elon Musk compró la red social Twitter por 44.000 millones de dólares. Musk también es dueño de la empresa Space X, que se propone lanzar al espacio una constelación de 42.000 satélites. ¿Su misión? Conectar a todo el mundo, más allá de las barreras geográficas, naturales, económicas. Un poco ambicioso, ¿no? Resulta no menos polémico y alarmante que los dueños de las plataformas también controlen el tráfico de la información que generamos. El servicio de Internet proporcionado por esta constelación de satélites será brindado por la empresa Starlink, que ya se encuentra registrada en Argentina desde el 15 de marzo del 2022 en el Boletín Oficial. Aún no está disponible para su contratación, pero seguramente, será cuestión de tiempo hasta que seamos observados y conectados por esta nueva tecnología. Ya no se puede apagar el monitor porque lo llevamos con nosotros.

Nadie sabe de mí, y yo soy parte de todos

En la Ciudad de la Furia de plataformas y redes, sus millones de transeúntes dejan huellas de cada una de sus prácticas, búsquedas, intereses, interacciones, en fin, signos como “acertijos bajo el agua” de códigos y algoritmos, bases de estas infraestructuras intangibles que organizan y modelan la vida. Como dice la canción, estos signos son “mi parte insegura”: nunca queda del todo claro quién tiene acceso a los datos que generamos. ¿Qué pasa frente a un hackeo?, ¿hasta dónde puede llegar eso que producimos en la red?, ¿quién nos sigue en Instagram, en Twitter, Tik Tok, quién es nuestro amigo en Facebook? Tal como sugiere “El Rito” en el disco “Signos” de 1986, aquel que canta que “sueles encontrarme en cualquier lugar”, cada segundo estará más cerca… ahora más fácil que nunca.

En los remolinos de la sociedad de plataformas, muchas veces podemos sentirnos como ese “Hombre al Agua” que meses navegando, decide saltar de cubierta, flotando por el río, envuelto en la corriente entre voces que se agitan. Consumimos cantidades inabarcables de información, de las más diversas fuentes, fake news, nos topamos con trolls, cuentas falsas, riesgos de hackeo… desafiando ritos, destruyendo mitos. Ya no hay fábulas en la ciudad de la Furia. 

Cada vez es más difícil encontrar tierra firme desde donde comprobar la veracidad de los hechos, desde donde arraigarse, la figura de editores o fuentes confiables se desdibuja como un barco a la deriva imposible de controlar y chequear frente a la vertiginosa velocidad de producción de contenidos: según un informe de Statista, uno de los portales de estadística más importantes del mundo, en julio del 2021, “el 65% de la población mundial tenía acceso a la Red lo que representa 5.170 millones de personas. De ese total, algo más del 92,5% usaba su teléfono o dispositivo móvil para acceder a Internet”.  ¿Qué pasa solamente en unos ínfimos 60 segundos en la red de redes? DOMO, otra de las grandes compañías internacionales de análisis de datos calculó que en un minuto de 2021 en Internet: en Tiktok se veían 167 millones de vídeos, Facebook Live recibía 44 millones de visitas,6 millones de personas hacían compras online, por YouTube se transmitían 694.000 vídeos, se posteaban 575.000 tweets, Microsoft Teams conectaba a 100.000 usuarios y en Instagram se compartían 65.000 fotos.

El temblor ya no pasará en Internet, por lo que habrá que permanecer despierto. Esa “Sobredosis de TV” ahora es imposible de apagar.

Final Caja Negra

“Y sin embargo, puedes abrir tu caja negra”. Así culmina el disco Nada Personal y el fin de este viaje futurista, buscando señales de premonición en la poesía sodera. Parece un mensaje optimista para los usuarios del presente, atados a algoritmos que son conocidos como cajas negras: su complejidad resulta inabarcable para el navegante promedio y a veces, para los propios fabricantes de esos imponentes barcos de códigos que nos llevan a navegar por las infinitas redes de datos alojadas en nubes tormentosas. 

Se necesitan kilómetros de revisión de regulaciones a la luz de las nuevas prácticas para contemplar las diversidades, complejidades, relaciones de poder, todo ese ruido blanco que aturde pero que permite comunicarnos, aprender, trabajar, crear, debatir, expresar… vivir. En fin, sacar belleza de este caos, es virtud.

Escuchá los temas de la nota en nuestro canal de Spotify:

Melisa Bargman
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Licenciada en Comunicación y Docente en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Especializada en la divulgación e investigación del impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad, la regulación y el ámbito educativo.

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