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Ruta 66

Con los papeles al día, desde el verano muchos salieron con la casa puesta. De hecho, el ministerio de Desarrollo Productivo le dedicó un spot al emprendimiento familiar que fabrica las Pbarbus. “Nosotros somos rodanteros de alma”, asegura el fundador Miguel Barnade.

Pbarbus fue la primera empresa en patentar una casa rodante del país bajo la disposición 58/2018 de la Ley de Tránsito 24.449. De esta forma, quienes aman viajar con la casa puesta pueden hacerlo conforme lo indican las normas de seguridad vial, referidas a la obligatoriedad de adecuación de este tipo de rodado sobre la chapa patente. Hasta el año pasado, la casa rodante era considerada un tráiler. La norma cumple con los estándares del Mercosur todo lo externo que se llevara acoplado al vehículo tractor utilizaba una copia -a veces casera- de la chapa del mismo anteponiendo el número 101. 

Dentro del rubro de fabricación automotriz nacional, se encuentra el armado de rodados tipo motorhome, caravanas, obradores y tráilers. La demanda no es amplia, pero tampoco escasa. Se apunta al paisaje en movimiento con todas las comodidades que ofrece un lugar propio, pero manteniendo ahora la reglamentación que corresponde con sus respectivas normas de seguridad.

Para conocer más cómo es una una casa rodante por dentro entrevistamos al dueño de la Pbarbus, Miguel Barnade, fabricante de estas unidades y “rodantero de alma”, quien armó   motorhome adaptando un colectivo Mercedes Benz 1114, de esos con trompa adelante que circularon por años como principal medio transporte en pueblos y ciudades.

Fabricantes de sueños

Miguel tuvo cuatro varones y la mejor solución era llevarlos de paseo con casa incluida. Uno de ellos, Matías lo acompaña en el emprendimiento. Todo esto pasa en San Martín (Provincia de Buenos Aires) donde, desde hace unos 15 años, los Barnade comenzaron con una industria a la medida del goce rutero que permite disfrutar de forma única los caminos del interior profundo de nuestro país, además de otras zonas turísticas convencionales.

Sus vehículos cumplen con normas estandarizadas y cuentan con Certificados de Seguridad Vial (CSV), emitidos para motorhomes, obradores, tráilers, remolques y casas rodantes. En este último caso, con las nuevas unidades se entrega factura, certificado de fabricación y licencia de configuración de modelo, como en un auto cero kilómetro.

Barnade, no solo es el fundador de un negocio poco habitual. También se trata de un apasionado por lo que hace. “Soy parte de una comunidad que comparte el mismo placer. La vida al aire libre y ser aventureros”, cuenta. Junto a Matias, su hijo, realizan la adecuación de unidades con estilo propio, y hay que saber soldar para eso.

La empresa cuenta con 11 empleados, 9 armadores en producción y 2 administrativos. Durante el primer año de distanciamiento preventivo la empresa estuvo cerrada, pero apenas pudieron continuaron con la producción. De hecho padre e hijo nunca dejaron de trabajar.

Solo se atrasó la fecha de entrega de las unidades pactadas, porque se imposibilitó el retiro presencial por parte de los compradores. El traslado se realizó en planchas de carga a cada provincia. “Homologamos las casas rodantes que nosotros fabricamos y ojalá que más adelante nos permitan hacerlo con las que no fabricamos”, explica Miguel pensando en un crecimiento de alcance nacional.

“Creo que no hay provincia a la que no le haya vendido una unidad”, se emociona; en tanto, asegura que cuenta con una clientela fiel y con muchos años “porque aparte de ser fabricantes, somos rodanteros”.

Su primer viaje en familia fue en 1977, con la llegada de su primer hijo. “Hicimos Buenos Aires – Ushuaia y tardamos 32 días. Un viajecito corto”, se ríe. Para ser más precisos el punto de partida siempre fue San Martín porque nunca cambiaron de barrio. 

De San Martín al Mercosur

“Hace más de dos décadas construí mi propia casa rodante y ahí comenzó la historia de la empresa. Empecé con un tallercito chiquito y trabajaba hasta cualquier hora. Me encanta la aventura, lo que hago y me apasiona ver cada unidad terminada”, recuerda. Pero aclara que parte de esta historia tiene que ver con el disfrute y al confort. Es todo en un solo lugar que a la vez te lleva por infinitos rumbos.

Si bien se puede considerar como una nueva opción de vacaciones, Miguel aclara que con la incertidumbre de la pandemia “al haber restricciones en los viajes, no fue motivo para tener más trabajo. No tuvimos más pedidos. Sí más preguntas, pero no me encargaron más casas ahora porque no pueden viajar al exterior, aunque lo recomiendo sin dudas”. De hecho la adecuación de la norma en 2018 está relacionada con la patente para circular con un registro adecuado al Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay).

Tienen la capacidad de  fabricar casiuna decena de una  en simultáneo. El personal se especializa en el manejo de herramientas, armado y ensamblado del producto en donde se usan materiales nacionales, salvo contadas excepciones. Mantienen la esencia de la empresa familiar y del trabajo artesanal. “Mi esposa es quien cose las cortinas. No solo me fijo en cada detalle y los asesoro en cómo armarlo, sino que les cuento mi experiencia y todas las comodidades que se tienen al usar una casa rodante”, explica Barnade.

Existe un dato curioso: gran parte de su clientela son profesionales de la educación (maestros, directores, entre otros). “Por una cuestión aventurera y cultural, tiene más demanda este tipo de público. El país cuenta con parajes hermosos. Es una experiencia única. Además hay mucha solidaridad, no solo para el rodantero que llega, sino la gente de cada provincia que te recibe de una manera cálida y con buena onda. Yo soy uno más, no me presento como fabricante”, confiesa Miguel.

A cada cliente le envía fotos del proceso de su “casita” a través de Whatsapp. “Desde el armado de la carrocería hasta el interior, que viene completamente equipado y a gusto de cada uno. Es una casa en movimiento”, sostiene. 

“Una vez que te subís a una experiencia de estas, no vas a querer bajar”, asegura mientras recuerda los encuentros “rodanteros” como una experiencia maravillosa. Los nombra como una comunidad que incluye a todos los que quieran formar parte de esa pasión. “Había parajes donde pasábamos la noche y éramos más de 200 personas reunidas. Comíamos, bailábamos y compartíamos nuestras cosas entre todos. Lo bueno es que no teníamos que manejar al otro dia”, ironiza. 

“Esto hay que tenerlo en el corazón, en el alma. Disfrutar de la vida, de manejar y estar al aire libre”, finaliza. 

Para el manejo de una unidad de este tipo, no se requiere un permiso especial de traslado. Solo se debe contar con el registro de conducir categoría B2 hasta 3500 kg. No es necesario un curso especial, a diferencia del manejo de rodados acuáticos, por ejemplo, donde el conductor náutico debe estar certificado por la Prefectura Naval Argentina y tener dicha licencia obligatoria. 

Desde el Ministerio de Desarrollo Productivo se realizó un spot publicitario, tal vez enterados de que Anccom entrevistó primero a la familia Barnade. Allí se muestra el armado en fábrica y fomenta el logro de este primer patentamiento vehicular que refiere a la obligatoriedad de adecuación de casas rodantes y certificación para llevar la nueva patente. 

Miguel calcula con ansias poder patentar su primera casa rodante propia, mientras sueña con volver a recorrer los rincones del país que le quedan pendientes, porque si hay algo de nuestra bella argentina es que con cada cruce rutero nunca dejan de aparecer parajes únicos y apasionantes.

Natalia Cirelli
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Del barrio de San Martín. Nació el nueve de abril del 87, de raíces italo- guaraníes. Estudió Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires. Su hobbie es la carpintería. Amante de la radio. Aficionada a las redes sociales, al borde de ser millennials. Muy charlatana, extrovertida y curiosa que también escribe.

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