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Walsh: ¿El primer hacker argentino?

Esta semana no se conmemora ninguna fecha relacionada con Rodolfo Walsh, pero en PostPeriodismo igual quisimos hablar sobre el gran militante, intelectual y periodista contando una anécdota muy poco conocida, que mezcla su pasión por el oficio de escribir, la criptografía y la invasión contrarrevolucionaria a Playa Girón. De paso, proponemos el interrogante que señalamos en el título.

Históricamente se consideró al entrerriano Raúl “Yuyo” Barragán como el primer hacker de la Argentina, quien en 1978 -según el libro “Los Llaneros Solitarios, la Guerrilla Informática” de Raquel Roberti y Fernando Bonsembiante– logró interpretar los códigos de los Telex (sucesoras de las teletipos) que utilizaban las líneas aéreas para la reserva de tickets y así viajó por todo el mundo, y hasta montó un negocio de venta paralela de boletos.

Ya en la década del 90 surgieron Julio “El Gritón” Ardita, quien desde líneas gratuitas de teléfono se pudo “colar” en algunas redes de la NASA y el Pentágono, y Daniel Sentinelli -más conocido como “El Chacal”-  quien se cansó de mostrar las debilidades de numerosos sistema de seguridad informática de todo el mundo.

Sin embargo Walsh incurrió en una pequeña hazaña 17 años antes del debut como hacker de “Yuyo” Barragán y, de algún modo, salvó la recién lograda Revolución Cubana. Hay que tener presente un dato no menor: el periodista de ascendencia irlandesa era un amante de las matemáticas y la criptografía (disciplina que se ocupa de la teoría y la técnica de cifrar o codificar un mensaje para que no sea interpretado por quien no comparta el código). Ya en una de sus crónicas “3120-5699-1184 – Lenguaje universal cifrado -”, recopilada en el libro “El Violento oficio de Escribir”, Walsh nos daba una pincelada de su pasión.

La historia nos llega por un artículo del gran escritor colombiano Gabriel García Márquez, publicado en diciembre de 1981 en el diario el País de España. Luego de la Revolución Cubana, el autor de “Crónica de una muerte anunciada” compartió con el argentino la redacción de la Agencia Prensa Latina, que fue fundada en La Habana por Jorge Ricardo Masetti.

A finales de 1960 un hecho curioso ocurría en la redacción del medio: cada tanto una teletipo (máquina que servía para despachar y recibir cables de noticias) se volvía “loca” y escupía rollos de papel con textos incomprensibles, como si estuviera fallando. Un rato después el aparato “volvía a la normalidad”. La terminal correspondía a un canal compartido en el que también se transmitían los despachos de tráfico comercial de la empresa de telecomunicaciones Tropical Cable, filial de la All American Cable en Guatemala. García Márquez recordó que esos sucesos obsesionaron a Walsh, quien luego de constatar que la máquina no tenía ninguna falla técnica, en diciembre de ese año recorrió varias librerías y bibliotecas de La Habana hasta hacerse de un manual de criptografía.

El argentino le dedicó varias madrugadas hasta que por fin comprobó lo que suponía: el “desperfecto” no era otra cosa que un mensaje cifrado. 

“Lo que encontró dentro no sólo fue emocionante como noticia, sino un informe providencial para el Gobierno revolucionario (…) El cable estaba dirigido a Washington por un funcionario de la CIA adscrito al personal de la Embajada de Estados Unidos en Guatemala, y era un informe minucioso de los preparativos de un desembarco armado en Cuba por cuenta del Gobierno norteamericano. Se revelaba, inclusive, el lugar donde iban a prepararse los reclutas: la hacienda de Retalhuleu, un antiguo cafetal en el norte de Guatemala”, describió Gabo.

Walsh comunicó su hallazgo a Masetti y a otros compañeros. El material era de importancia estratégica para el gobierno cubano pero para el director de Prensa Latina valía más como primicia periodística. Para ir a la fuente pensó en infiltrar a Walsh en Guatemala disfrazado de pastor protestante que viajaba al país centroamericano con el fin de vender biblias, mientras mandaba sus despachos para la agencia. El plan no prosperó. Las autoridades cubanas se enteraron del contenido de esos cables y rápidamente solicitaron toda la información al respecto.

Al contrastar el material descifrado por el periodista argentino con sus informes de inteligencia corroboraron lo que temían: en Guatemala se estaba dando la última horneada a lo que sería una invasión contrarrevolucionaria.

El gobierno cubano ordenó a Prensa Latina no publicar nada al respecto hasta que el Ejército Revolucionario tenga listas las defensas para repeler la invasión. Masetti se perdió una de las mejores primicias que pudo tener en sus manos. Y Walsh… Walsh no sólo contribuyó con la Revolución Cubana, tal vez se convirtió en el primer hacker argentino.

El resto ya historia contada: la invasión a “Playa Girón” o “Bahía de Cochinos” fue una incursión anfibia contrarrevolucionaria efectuada el 17 de abril de 1961 por exiliados cubanos y paramilitares latinoamericanos, financiados y coordinados por la CIA y empresarios cubanos de Florida. Luego de combates aéreos y terrestres, el gobierno de Fidel Castro logró frenar el avance de los contra. Para el 19 de abril la Fuerza Aérea Revolucionaria, el Ejército regular y las milicias populares dieron fin al intento de invasión y, salvo algunas incursiones leves de células pequeñas, no hubo otro intento de copamiento a las islas.

arielhdiez@gmail.com | Sitio web | + posts

Correntino. El mate y el río como banderas.
Licenciado en Periodismo (Facultad de Ciencias Sociales – UNLZ). Especializado en política, estadísticas, diseño web y herramientas digitales para visualización de datos. Actualmente trabaja como editor en la web de la Agencia de Noticias Télam.

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