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Preso en mi ciudad (¡ja ja ja!)

En este número de Postperiodismo Nancy Lorecnzo nos trae un cacho de cultura, mejor dicho: reflexiona acerca de La escuela culturalista como crítica de la sociedad urbana, con un bonito tour por las calles de la despersonalización y el individualismo. Esos con los que nos encontramos cada vez no apretujamos en el bondi para llegar a la escuela o el trabajo, los lugares de encierro más preciados para el goce de vivir atrapados en libertad.

A principios del siglo XX, en el campo de la sociología urbana surgen los denominados los sociólogos culturalistas (Ferdinand Tonnies; Georg Simmel; Oswald Spengler; Louis Wirthy Robert Redfield) Para los culturalistas la ciudad aparece como la protagonista del mundo moderno y  puede identificarse como un ámbito territorial definible por un conjunto de valores que hacen emerger una conducta social específica del orden social precedente, es decir, de la sociedad feudal. que apuntan hacia el fin de la historia, cuando la ciudad deviene metrópoli.

Este tránsito de lo tradicional a lo moderno es al mismo tiempo el paso de una forma de organización de la vida económica, política y social cuya base territorial es lo rural a otra cuya sustentación geográfica es la ciudad, lo cual explica la importancia que ha tenido como referente inmediato la llamada teoría social urbana. Esta sustitución de lo rural por lo urbano, como eje de la vida social, abre paso también al predominio de la ciudad sobre el campo y, por tanto, al desplazamiento de la figura del príncipe y el señor feudal por parte del comerciante, el industrial y el banquero; el cambio entre un sistema valorativo que sustituye el vínculo afectivo por el interés monetario.

De esta manera, lo ilustrativo de la obra de los culturalistas es la reafirmación del carácter protagonista de la ciudad. La anterior primacía del campo es modificada a tal punto que el proceso acumulativo continuo de conocimientos, técnicas, cosas, gentes, riquezas, dinero y capital terminan por imponer el predominio de la ciudad sobre el campo

La ciudad es, pues, algo más que un territorio opuesto o distinto al campo, es la forma territorial y la organización social que parece conducir todos los procesos de la modernización y racionalidad de la nueva sociedad capitalistas. Porlo anterior, todo lo que es propio del capitalismo, todo aquello que lo caracteriza en el plano de lo económico, de lo socialy de su sistema de valores, aparece como atributo de la ciudad. La sociedad y la ciudad moderna constituyen la forma más amplia del cambio social. Si la ciudad aparece como la forma extrema o la más realizada de la moderna sociedad capitalista, es natural que en ella se presenten también de manera extrema las características de esta organización social. Por lo tanto, la indiferencia, la superficialidad, el cálculo racional y el interés caracterizan los vínculos sociales en la ciudad y constituyen el núcleo básico de valores de la llamada cultura urbana, y tienen lugar porque en ella se reproduce ese mundo de las relaciones contractuales que han sustituido a las relaciones afectivas propias de la comunidad y han transformado a la ciudad en el territorio de la despersonalización, la competencia y el manejo utilitario de las relaciones sociales. Es decir, la ciudad genera una forma de la interacción social que se basa en el anonimato, en el desarrollo de relacionesimpersonales que se hacen patentes en la indiferencia y la superficialidad. El desarrollo de la racionalidad es también el recurso del que se vale el hombre moderno para preservar una vida subjetiva cada vez más disminuida por el avance paulatino de la vida objetiva, de la sociedad.

Este avance de lo objetivo sobre lo subjetivo o, lo que es lo mismo, de la sociedad sobre el individuoy la desaparición de los rasgos personales de todo intercambio social, es la expresión de ese desarrollo tendencial de la racionalidad capitalista, mediante el cuál se remueve el elemento subjetivo para hacer emerger el contenido económico de las relaciones de intercambio, de valores independiente de cualquier forma de la subjetividad. En el plano de las relaciones sociales priva la indiferencia, porque el dinero es la suma total de todaslas indiferencias sociales.

Las características de la gran metrópoli como son la despersonalización, el individualismo, la libertad y la racionalidad, son resultado o expresión de las relaciones sociales que allí predominan; entre éstas destacan las de carácter monetario, sobre todo el papel del dinero en el surgimiento y consolidación de la sociedad capitalista.

Por tanto, el proceso de despersonalización que tiene lugar en la ciudad y, particularmente, en la gran ciudad, constituye la síntesis de este proceso histórico, económico y filosófico que trae consigo la economía monetaria.

Esta experiencia se pone de manifiesto al caminar la ciudad y ver sus desigualdades, las multitudes amontonadas e incomunicadas, bloques de puro cemento, donde la naturaleza pasa a formar parte de las orillas borgeanas que son en realidad un espacio imaginario que se contrapone como espejo infiel a la ciudad moderna despojada de cualidades estéticas, metafísicas y naturales. 

Nancy Lorenzo
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Licenciada y profesora en Letras. Cursa la Maestría en Ciencias políticas y Sociología. Caminante incansable de los senderos patagónicos. Amante de los refugios de montaña y de los andinistas. Amiga de los soñadores, de la naturaleza, y de los libros

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