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Hola,  hola ¡qué tal! El gusto es nuestro. Sabemos que después de la repostería, el periodismo es el mejor oficio del mundo. Si no te diste cuenta aún, acabás de ingresar al mejor sitio de mundo en tiempos de periodismo post-industrial. Modesto, pequeño y hecho con amor y un montón de certezas.

Hablamos de post-periodismo y de repost-ería porque este proyecto nace un día de pandemia informativa entre viajes a la heladera, una profunda crisis económica global y cierto cansancio por escuchar las mismas voces a diario por los medios masivos de comunicación. 

Ocurre que las burbujas de eco reiterativas arman agendas y a veces nos confunden por la urgencia de los reporteros de salir al aire, o en las columnas de mercenarios seducidos por la dinámica del poder de los medios y sus lógicas mezquinas en la construcción de las noticias.

El periodismo tiene no pocos personajes como Barrabás que son salvados por las audiencias de la crucificción por aclamación popular (medida en puntos de rating).  No sabemos muy bien por qué ocurre eso. Son medio ladris, dicen “pará, pará, pará”, o tienen dificultades con la erre, no le sacan la nata al café con leche y te adelantan primicias de una fuente que no pueden revelar, geralmente porque es una operación de prensa mediada por agentes grises de inteligencia. 

Y cuando la cosa se pone rara en el mundo agropecuario de las extorsiones los san toritos presas del engaño (ponele) resultan protegidos por el mondongo ilustrado de asociaciones de medios que se premian a sí mismas, como mecanismo de autopreservación, ya que con ellos caen fiscales, extorsionadores y causas flojas de papeles. 

Así las cosas, las orquestaciones de prensa se reproducen como leucocitos que dicen fortalecer el sistema inmunitario de la democracia, pero luego reproducen informaciones falsas o que se diluyen como una gota de tinta en el agua y nos llevan a estados enfermizos de compleja comprensión.  

Por supuesto están los Poncio Pilatos, fanáticos del “miente miente que algo quedará” que desde algunas gerencias informativas salvan a sus personajes estrella aunque saben que lo suyo es puro show, negocios y banalidad. La verdad es relativa para los asesinos de Jesús.

Están de súper moda las plataformas y páginas de fact checking, ¡Bienvenidas! Seguramente fortalecerán el periodismo que viene. No obstante, el dato puro se enfrenta a no pocos desafíos. Al deconstruir la noción de verdad para identificar noticias falsas (mal llamadas desinformaciones), la ciencia de datos invalida la posibilidad de la crítica y guarda en un cajón los procesos políticos, económicos y sociales que llevamos dentro. Es como tapar el sol con el pulgar o pedirle a Donald Trump que no sea autoritario, darwinista y machirulo. Imposible.

Seducidos por el diablo, armamos este espacio. Por simple diversión, para pasar el rato pero para  (para, para) que no queden sólo esas cámaras de eco circulando y nos confundan a diario desde un “sentido común” inventado.

Nos gusta el “buen sentido” certificado por la deontología profesional, el doble chequeo, las fuentes de primera mano, el periodismo de datos que muestra las condiciones de producción de las noticias y, de vez en cuando, leer a Rodolfo Walsh para no perder el rumbo del  periodismo de calidad. 

Ya que estamos, si consideras que vale la pena compartir nuestros artículos, queremos que les hagas repost en las redes sociales que prefieras, para saltearnos a esos intermediarios que nos confunden un poco a propósito (por no decir con real malicia)  o por ignorancia.

No te preocupes, tu repost nada tiene que ver con las masitas envenenadas de Yiya Murano. Dicho esto: 

“Estamos invitados a tomar el té,

la tetera es de porcelana

pero no se ve,

yo no sé por qué.”

De eso se trata post-periodismo de intentar de entender lo que no se ve. Saludos María Elena. ¡Te extrañamos!

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