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Maternidad y teletrabajo: entre el equilibrio y el colapso

Al cierre de la última semana, la Cámara de Diputados dio media sanción a la norma que regula el trabajo remoto. Su paso por el Senado ya cuenta con cierto consenso para su tratamiento. La norma establece el derecho a la desconexión y otros principios que protegerán a los trabajadores formales  luego de pasados 90 días del fin de la cuarentena. Pero mientras tanto la vida sigue. Valeria Guerra te cuenta las dificultades de seguir para adelante en un contexto que todavía presenta privilegios de género.

Los expertos dicen que teletrabajar y ser madre pueden complementarse estableciendo rutinas. Ahora bien, en el caso de los hogares monoparentales termina siendo toda una hazaña, sobre todo teniendo en cuenta que en Argentina hablar de familias monoparentales es referirse fundamentalmente a una madre responsable en solitario de sus hijes. ¿Qué sucede con esta situación en cuarentena?

El aislamiento impuesto por el coronavirus lleva a replantearnos aún más como sociedad el rol de la mujer en la crianza de los niños. Desde hace años, las mujeres tiene cada vez más participación en el mercado laboral y las familias han cambiado, ha aflorado el feminismo y la lucha por la igualdad de género, pero sigue estando muy arraigada la creencia de que es la mujer quién se encarga de la crianza y el cuidado de los niños, sobre todo cuando son muy chicos.

Según datos del Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, “en todos los países de la región, el tiempo de trabajo no remunerado de las mujeres es mucho mayor que el tiempo que dedican los hombres a estas mismas actividades. Esto evidencia que pese a la creciente participación femenina en el trabajo para el mercado, ésta no se ha visto correspondida por una mayor participación masculina en labores domésticas”.

De acuerdo con el INDEC, las tareas de cuidado, en Argentina, siguen recayendo en un 70 por ciento en manos de las mujeres. Y un informe realizado en 2019 por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) indica que entre 1986 y 2018 aumentaron los casos de madres que crían solas a sus hijos del 12 al 19 por ciento. Mayormente “se trata de madres que no han elegido voluntariamente criar solas y que enfrentan las responsabilidades de la maternidad junto con su trabajo fuera del hogar”. Esta realidad se complejiza aún más con la medida del aislamiento social preventivo y obligatorio, en donde la mujer tiene que realizar las tareas domésticas a la par del trabajo.

Las mujeres que están solas jamás imaginaron tener una segunda licencia por maternidad “ad infinitum” con niñes que no son recién nacidos y duermen todo el día, sino que requieren atención al 100%, incluyendo el acompañamiento para la realización de las tareas escolares. Esto hizo que se potencie la capacidad creativa al máximo con todo tipo de artilugios para equilibrar la balanza y cumplir con la infinidad de obligaciones, buscando, incluso, algún espacio para el ocio y el disfrute.

Absorbidas por una cantidad inusitada de tareas como comprar, cocinar, limpiar, ordenar, atender a los niñes, entretenerlos, ayudarlos con las tareas, responder correos, escribir, atender llamadas, presenciar videollamadas, pagar cuentas, hablar con familiares y amigos, las “mamis multitasking” cuentan que mientras le arreglan un juguete al niñe, controlan la comida y hacen la lista del super mientras la llama su jefe al teléfono.

La clave está en el caso de las madres solteras trabajadoras, según psicólogos y pediatras, en establecer una rutina para los niños y para el trabajo. Tarea para nada sencilla. Darwin ya lo anticipó en su teoría de la evolución de las especies: las que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio. Y qué desafío tiene hoy en día las “mamis multitasking”: En cuarentena viven tironeadas entre las demandas laborales, algunas de urgencia, y los reclamos de los hijes. Casi todas las respuestas a los pedidos laborales incluyen un mensaje predeterminado: “Disculpa la demora, es que estoy con mi hije”. Es prácticamente una firma de correo.  La mayoría de las videollamadas son con cámara y micrófono silenciado, a oscuras, como un agujero negro de la galaxia Mujermamiseñoteletrabajadora, donde también hay falta de oxígeno, choque de planetas jóvenes y viejos, satélites chiquitos girando alrededor, e incluso, por momentos, muchas ganas de arrojar algún meteorito al espacio. Pero veamos el lado bueno, también hay luz, estrellas, vida, mucha vida, quizás demasiada, pero de la importante, la que recuerda el para qué estamos.

Las casas de las mujeres jefas de hogar se transformó en un microuniverso caótico donde tienen todo lo que necesitan y los seres que más quieren. Por fuera, la sociedad telescópica que observa y etiqueta según como esa mujer lleve adelante este nuevo mundo. ¿Importa? Lo dudo. La cuarentena si algo hace dar cuenta es que lo que esas madres tienen en casa es lo único que vale. El resto, es chatarra espacial.

Valeria Guerra
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Lic en Ciencias de la Comunicación (UBA). Posgrado en Comunicación Corporativa (UADE). Maestrando en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones (Universidad Austral). Periodista agropecuaria. Comunicadora en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

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