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Más allá del bien, más allá de Musk

La irrupción de Elon Musk en el mercado de redes sociales puso a la economía de las plataformas patas para arriba y a los políticos también. ¿Qué dijo el pajarito de Nicolás Maduro cuando voló al hombro del excéntrico empresario para tentarlo con la compra de Twitter?

Artículo publicado en La Ventana, Página/12, el 2/5/2022.

Con la noticia aún caliente y más rápido que un señor feudal en decadencia, el ex presidente Mauricio Macri se inclinó ante el futuro rey de Marte como gesto ritual, tal vez,  con el sueño de obtener la bendición del hombre más rico del mundo para recuperar sus tierras. Según el top ten de la revista Forbes 2022, el empresario sudafricano-canadiense-estadounidense suma 219 mil millones de dólares. En sólo un año su fortuna creció 68 mil millones, dejando en el segundo puesto del ranking a Jeff Bezos (Amazon), con 171 mil millones, quien habría perdido 6 mil millones en la comparación interanual de la misma publicación.

Lo curioso del ex mandatario argentino, investigado por el espionaje ilegal -sobre propios y ajenos- fue la celebración del anuncio de Musk, quien aseguró que esa red sería reconfigurada como garantía de la libertad de expresión en el mundo. Como si Ciro James nunca hubiera existido y la compañía de minería de datos Cambridge Analytica no usara de beta tester la campaña PRO 2015, orientada a la extracción masiva y perfilado de datos privados en Facebook, para consolidar electores indecisos en el triunfo de Donald Trump en 2016, o para torcer el rumbo del Brexit con la salida del Reino Unido de la Unión Europea ese mismo año.

Sin embargo, durante la última semana de abril los memes irónicos sobre una adquisición poco inteligente comenzaron a circular, en especial porque la plataforma se encuentra en desventaja de usuarios frente al crecimiento de otras propuestas más atractivas como Instagram (Facebook, ahora Meta) o Twitch (Amazon), que salió a competir con YouTube (Google), enfocada en la retransmisión de videojuegos en tiempo real.

En medio de tanta confusión, la periodista especializada en TIC Irina Sternik observó un dato no menor: la red cuenta con una cantidad de usuarios baja en relación con otras plataformas, pero ese número debe multiplicarse por tres contando los accesos anónimos. Según sus estimaciones, esta red llegaría al millón de ingresos diarios. Se trata de usuarios habituados a enredos, insultos, peleas y disputas políticas. Porque Twitter pasó a constituirse en la principal red social para las discusiones de los formadores de opinión pública.

Otro rasgo particular de la firma con sede en San Francisco es que todas las publicaciones quedan abiertas a la lectura y tienen un impacto posterior en la agenda mediática. Las  conversaciones o “hilos” luego son tomados como fuente de primera mano en los medios tradicionales. 

Con mayor precisión la periodista de Télam, Melisa Avolio, recoge del reporte oficial correspondiente al primer trimestre de 2022 otros detalles importantes: Twitter obtuvo ganancias por 513 millones de dólares y cuenta con 229 millones de usuarios monetizables (activos en las interacciones).

La periodista de la Agencia ANCCOM María del Pilar Vega recorre en una entrevista con Ernesto Calvo, otro aspecto oculto en las lecturas sobre la venta de Twitter. Según Calvo, parte de la Junta Directiva debió aceptar la transferencia del paquete accionario a regañadientes por entender que Elon Musk responde a los intereses de la derecha norteamericana, en sintonía con Donald Trump. Calvo es uno de los mayores estudiosos de esa red. En 2015 escribió “Anatomía política de Twitter en la Argentina, Tuiteando #Nisman”, reside en Estados Unidos y suele mapear en sus investigaciones académicas el impacto de la información de los tuiteros en la agenda del público y de los medios.

Tras los pasos de Musk podemos ver que los millonarios de las Big Tech no suelen ser tontos ni caprichosos y saben que el poder no se divide, es uno sólo y es el resultado de un conjunto de fuerzas que deben interactuar con la política. El CEO de Tesla se presenta como un defensor del ambiente limpio porque está en la agenda de las Naciones Unidas con sus ODS (Objetivos para el Desarrollo Sostenible), pero no le importa llenar de chatarra el cielo mientras sean rentables los satélites de comunicaciones de SpaceX. De hecho, en nuestro país, la Inspección General de Justicia (IGJ) reconoció en marzo pasado la inscripción Starlink -subsidiaria de SpaceX-, con autorización para brindar servicios de internet satelital.

En otras palabras, cuando Macri escribió su tuit adulón le dijo a Musk que las concesiones de la soberanía satelital a privados extranjeros estarán a su disposición si le da un empujoncito proselitista, y le hizo un guiño con sus ojos de cielos abiertos.

Los 44.000 millones de dólares representan toda la deuda pública generada en tiempos de Cambiemos y es menos del crecimiento patrimonial de Musk en sólo un año –si es que Forbes hizo bien las cuentas–. Así las cosas, todo es ganancia para Elon, que quiere pasar de ciudadano del mundo a dueño del universo, mientras el verso, el reverso y el metaverso que resuena en Twitter pasa a transformarse en un juego con todas las cartas marcadas para un sólo ganador.

Porque Elon tiene a tipos como Macri a sus pies, puede darse el lujo de intervenir en una guerra, dando apoyo logístico y satelital a los drones ucranianos y desafiar a duelo al propio Vladimir Putin. Eso sí, todo desde Twitter, no sea cosa que el primer ministro ruso le clave una cimitarra oxidada en el marote.

Lo cierto es que si dejamos en manos de arribistas el diseño de las políticas públicas, que hoy tienen en el centro los ecosistemas convergentes, vamos a terminar estrellados, así sea en la tierra como en el ciberespacio de los millonarios. Vade retro.

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Cayó de la universidad pública al mejor oficio del mundo. Periodista y Licenciado en Comunicación Social. También es Magister en periodismo y docente de grado y posgrado en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Juntó horas nalga en Tres Puntos, Argenpress.info, Radio UBA y la Agencia Télam. Cuando lo dejan publica maldades en Página/12 o en algún medio digital cojonudo como PostPeriodismo.

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