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Las voces trans llegaron al Congreso

El debate por la sanción de la ley de cupo laboral travesti- trans comenzó en diputados con reuniones informativas. Hablamos con Martina Ansardi del Movimiento Trans Nadia Echazú, sobre la realidad que atraviesa la población trans, en especial, las mujeres y el proyecto de ley que presentaron. ¿Por qué un cupo laboral? ¿Qué derechos reclamaron los varones trans en las reuniones informativas? ¿Por qué se habla del genocidio trans y la necesidad de una reparación histórica?

“¡Esperen, no se olviden de la foto!”. Hay una mesa dispuesta para más de 10 personas en la unidad básica “La Nelly Omar” en Parque Chacabuco, Ciudad de Buenos Aires. La cena del 31 de diciembre de 2019 es a la canasta pero son idénticos los platos de porcelana blancos con ribetes marrones en los bordes, los cubiertos plateados antiguos y pesados, las copas de cristal chatas para el espumante rosado y las de boca ancha y profunda para el vino. Paula Arraigada -referente del Movimiento Trans Nadia Echazú- se adelanta a la mesa, despliega un pañuelo blanco de forma triangular con letras violetas que dice en mayúsculas: “Cupo Laboral Trans Ya”. Detrás de ella, un brindis. Un anhelo. “Este año no creo que lleguemos, tal vez el que viene. Parece que sale el aborto legal primero”, comenta Martina Ansardi -activista trans- en la mesa mientras el volumen de la música se eleva. No hay tapabocas, no hay alcohol en gel ni protocolos para los abrazos ni nada que anticipe un año diferente a los otros. Y sin embargo.

El cupo laboral trans llega al debate en Diputados

Si alguien le hubiera dicho a Martina Ansardi que la discusión sobre la ley del cupo laboral travesti-trans llegaría a menos de 7 meses de aquel brindis de fin de año no lo hubiera creído. Pero la pandemia del Covid-19 hizo evidente e innegable la precariedad en que viven las personas trans y, en especial, las mujeres trans, en su mayoría trabajadoras sexuales. Las medidas de aislamiento decretadas por el gobierno en el marco de la emergencia sanitaria significaron para ellas elegir entre no trabajar y, por ende, no pagar el alquiler (que suele ser excesivo ya que los propietarios saben que viven de la prostitución) y exponerse a un desalojo, no tener lo suficiente para comer y comprar elementos de higiene. O trabajar igual, al margen de las normas, con la violencia policial respirándole en las nucas y una exposición alta al virus. 

Las travas se movilizaron para asistir a otras travas y de esta manera lograron mitigar, apenas un centímetro, la ausencia del estado para con ellas. El Movimiento Trans Nadia Echazú entrega cada 15 días bolsones de comida, verduras y elementos de higiene básicos a las trans que no llegan a poner el plato en la mesa en la Ciudad de Buenos Aires. Lo hacen gracias a donaciones de otras organizaciones o de particulares que se solidarizan con ellas. 

En este contexto, las activistas trans han logrado instalar el debate por la ley del cupo laboral en la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados. Las reuniones empezaron a fines de junio y se extendieron durante el mes de julio con la participación de diferentes organizaciones de la sociedad civil.

“El cupo laboral travesti-trans es una forma de que el estado abrace a las compañeras y compañeros trans para que puedan ingresar a la Administración Pública Nacional de forma digna. El proyecto de ley que presentamos establece un porcentaje de cupo entre 1 y 3% en cada repartición”, dice Ansardi. De esta manera, cada dependencia del estado nacional así como las empresas de las cuales participa y aquellas que licitan para prestarle servicios deberán acreditar cumplir con el cupo. En los hechos podría significar incluir sólo a una persona trans por repartición ya que se calcula que suman del 2% del total de los 44 millones de argentinos. Además, el control del cumplimiento de la ley deberá estar a cargo de un organismo a crearse, integrado -como mínimo- en un 50 % por personas trans, con presupuesto suficiente para capacitar y acompañar a quienes elijan ingresar al Estado a fin de que puedan cumplir con sus tareas. 

“El cupo es necesario porque nosotras, las mujeres trans, seguimos teniendo como destino el trabajo sexual. Algunas lo hacen porque quieren y otras porque es la única alternativa que les da la sociedad que, además, las condena por ese mismo motivo. Las voces que se están escuchando dentro del estado ahora son las que no defienden a las trabajadoras sexuales como parte de la economía popular. Pero si no hay opciones, ¿cómo pueden elegir no serlo?”, dice.

¿Por qué las personas trans no acceden a trabajos formales?

Martina Ansardi tiene 38 años, fue la primera tucumana trans en obtener el reconocimiento de su identidad de género y DNI a través de un amparo en el año 2011, antes de la sanción de la ley de Identidad de Género. Desde entonces es activista por los derechos de las personas trans. 

“Cuando vine a vivir a Buenos Aires me presentaba a entrevistas laborales y no me tomaban. Para poder vivir de algo que no fuera el trabajo sexual tuve que disfrazarme de varón”, dice Ansardi. Cuando se trata de personas trans, el mercado laboral no reconoce las capacidades y aptitudes de su postulante sino que hace juicios de valor respecto a su identidad y apariencia. En el caso de Ansardi, fue rechazada en una entrevista de trabajo donde asistió expresando su identidad de género femenino. Meses después, con el mismo curriculum pero vestida de varón, obtuvo el puesto. Al tiempo, pidió a su empleador que respete su identidad y le permita usar su nombre ante clientes, compañeros de trabajo y en comunicaciones oficiales pero se negaron. “Cuando obtuve mi DNI por orden judicial salí más envalentonada a buscar otro trabajo. Viví unos años en España donde trabajé en clubes y gimnasios. Después volví a Buenos Aires y encontré una empresa que tiene una política fuerte de responsabilidad social empresarial, que valoró mi curriculum, la experiencia que tengo en atención a clientes y me contrató”, cuenta Ansardi. Ella es parte del 5% de la población trans que tiene trabajo registrado. “Hay compañeras trans aquí en Buenos Aires de 30 o 40 años que son profesionales recibidas en la UBA o universidades estatales y que no consiguieron jamás un trabajo formal”, agrega. El 95% de las mujeres trans se encuentra excluida del mercado laboral y son trabajadoras sexuales. Según informó el INADI en 2018, el 73% de esta población no terminó la escuela secundaria y el 25% de las denuncias ante ese organismo han sido realizadas por discriminaciones y violencias hacia ellas. La Red Latinoamericana y del Caribe para Personas Trans informó que la esperanza de vida de las mujeres travestis, trans y transgéneros se encuentra entre los 35 y 41 años mientras que el resto de las personas llega a cumplir los 75 años como promedio.

¿Cuál es el reclamo de los varones trans?

Sebastián Medrano, activista trans del Movimiento Nadia Echazú, da cuenta de que los varones trans tienen vulneraciones específicas en sus derechos laborales. Son personas gestantes, que pueden decidir cursar un embarazo antes o después de la transición de género y cuyos casos no están contemplados por la Ley de Contrato de Trabajo. Destaca la necesidad de protección laboral de aquellas personas que deciden cambiar de género y son despedidas con este motivo. Con respecto al proyecto de ley presentado, explica que el requisito de idoneidad que la Constitución Nacional impone para aquellos que pretenden formar parte de la Administración no puede ser un obstáculo burocrático para el acceso de las personas trans. “El derecho a la educación también es un derecho constitucional y, sin embargo, nuestro colectivo ha sido expulsado de todos los espacios incluyendo el educativo”, dice ante la Comisión de Diputados. 

Con respecto al sector privado, señala que es importante que existan incentivos impositivos y beneficios para que las empresas y pymes contraten a personas del colectivo trans- travesti. “Eso no sólo aliviaría la carga presupuestaria de que sólo el estado nos emplee sino que sería un paso más hacia una verdadera inclusión”, dice.  

Una reparación histórica para el genocidio trans argentino

Cuando la ley de cupo se publique en el boletín oficial habrá un número reducido de mujeres trans, las sobrevivientes mayores de 45 años, que difícilmente podrán hacer uso de este derecho. “El estigma social golpeó sus cuerpos y sus cabezas, parecen de 60 o 70 años y tienen entre 40 y 50. Son las pocas que superaron el promedio de vida de 35. Incluso algunas son profesionales que nunca pudieron ejercer y que tuvieron que salir a trabajar del sexo para comer. Les quedan los dolores y problemas de salud por la silicona líquida que se inyectaron ya que antes estaba penalizada una cirugía y nunca tuvieron acceso al sistema de salud”, dice Martina Ansardi. Cabe recordar que recién en 2012, con la ley de identidad, se despenalizaron las cirugías de cambio de género y que es reciente también la modificación de los códigos contravencionales que penaban con 15 o 30 días de cárcel a las identidades travestis. “Han estado meses de su vida en las comisarías por ser trans, sufriendo la violencia policial. Pasaron toda la vida trabajando en las calles. Dejaron su adolescencia y juventud en los calabozos. Necesitan urgente una ley que las ayude a morir dignamente en una cama, tranquilas, sin tener que preocuparse por el pan”, dice. 

Si el Estado nacional, provincial y municipal, por medio de sus leyes, instituciones y de forma sistemática oprimió y exterminó a las identidades travestis, debe reconocer su responsabilidad y elaborar un plan de acción para reparar estas violaciones a los derechos humanos. La ley de cupo laboral es un paso necesario, histórico pero no suficiente. 

DOCUMENTO CONTRA EL GENOCIDIO TRANS TRAVESTI 28J

Gabriela Figueroa
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Gabriela Figueroa es periodista freelance, abogada y feminista. Trabajó en las redacciones de La Gaceta y El Periódico de Tucumán hasta que decidió probar suerte en tierras porteñas. Colaboró en medios como Socompa, Vice, Agenda Uno, Tucumán Zeta, Emergentes y El Tucumano. Todavía no entregó la tesis de Maestría en Periodismo de la UNLP pero piensa que éste es su año. Es becaria 2019 de las fundaciones Gabo y Oxfam sobre Periodismo y Desigualdad de género. De la vida sin pandemia lo que más extraña es el café en el bar y la cerveza con amigas.

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