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Las leyes de la estupidez humana

En esta oportunidad Nancy Lorenzo nos introduce al mundo satírico de Carlo Cipolla, a propósito de su Allegro ma non troppo, un texto irónico pero no menos cierto, para recuperar la cordura frente a la idiotez irracional que nos penetra como una gota de grasa, esa que nos traspasa y cuando te toca te mancha. Algunos prefieren la mancha televisor, otros la mancha pulpo unos cuantos más de los que esperábamos la mancha estupidez. ¿Quién juega?

Aunque muchos lo niegan, se suele adjudicar a Albert Einstein la frase Sólo dos cosas son infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.

Dejando de lado cuestiones de autoría, el tema aparece en distintos épocas y fue estudiado en profundidad por Carlo Cipolla, (19222000), un historiador económico italiano, quien a través de la historia económica mostró interés en las causas que han provocado determinadas situaciones económicas y sociales a lo largo de la historia. Dice Carlo Cipolla: la humanidad se encuentra en un estado deplorable, lo cual se debe en buena medida a la abundancia de los estúpidos, la más peligrosa categoría de seres humanos, que nos rodean por todas partes, dispuestos a hacernos daño (y hacérselo a sí mismos).

Cipolla explora el controvertido tema de la estupidez formulando su famosa Teoría de la Estupidez, expresada por primera vez en su breve ensayo de 1988 titulado Allegro ma non troppo, donde desarrolla una visión de la gente estúpida como un grupo más poderoso que grandes organizaciones como la Mafia, el Complejo Militar Industrial (MIC), o la Internacional Comunista. El grupo de los estúpidos, señala el autor, consigue ejercer un gran efecto en la sociedad con una coordinación increíble y  constituyen una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana.

Las leyes fundamentales de la estupidez humana del ensayo Allegro ma non troppo lejos de ser una parodia de ciertas formas de análisis sociológico, son una reflexión llena de lucidez sobre la realidad de los daños que causa “el poder político, económico o burocrático” puesto en manos de los estúpidos. Esta línea de pensamiento está relacionada con las reflexiones del economista británico del siglo XIX Jeremy Bentham (1748-1832), el primero en intentar cuantificar la utilidad que reportan a la sociedad las acciones de los gobiernos que la dirigen.

Leído hoy, cuando somos víctimas de la estupidez, el texto de Cipolla cobra una inquietante actualidad. En el mismo libro pueden encontrarse las leyes fundamentales de la estupidez:

1- La Primera Ley Fundamental de la estupidez humana afirma sin ambigüedad que siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. Por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana, siempre quedan estúpidos, de un modo repetido y recurrente, debido a que:

a) Personas que uno ha considerado racionales e inteligentes en el pasado se revelan después, de repente, inequívoca e irremediablemente estúpidas.

b) Día tras día, con una monotonía incesante, vemos cómo entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos menos oportunos.

2- La segunda Ley Fundamental de la estupidez dice que la probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona. La prueba de que la educación y el ambiente social no tienen nada que ver con la probabilidad la proporcionan una serie de experimentos llevados a cabo en muchas universidades del mundo. Tanto si se analizaba una universidad grande como una pequeña, un instituto famoso o uno desconocido, se encontró que la misma fracción de profesores estaba formada por estúpidos. Fue tal la sorpresa ante los resultados obtenidos que se resolvió extender las investigaciones a un grupo especialmente seleccionado, a una auténtica «elite»: a los galardonados con el premio Nobel. El resultado confirmó que una fracción de los premios Nobel estaba constituida por estúpidos. Este resultado es difícil de aceptar y de digerir, pero existen demasiadas pruebas experimentales que confirman básicamente su validez. Cabe señalar que la Segunda Ley Fundamental demuestra que los individuos estúpidos son proporcionalmente tan numerosos entre los hombres como entre las mujeres. Asimismo, la población de los países del Tercer Mundo hallará consuelo en esta Segunda Ley, en la medida en que demuestra que los pueblos llamados «desarrollados» no son al fin y al cabo tan desarrollados.

3- La Tercera Ley Fundamental presupone, que todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos:

  1. Inteligentes: benefician a los demás y a sí mismos.
  2. Incautos: benefician a los demás y se perjudican a sí mismos.
  3. Malvados: perjudican a los demás y se benefician a sí mismos.
  4. Estúpidos: perjudican a los demás y a sí mismos.

Para Cipolla, desde el punto de vista estrictamente económico y utilitarista, un Malvado es preferible a un Estúpido, puesto que las actividades del malvado a la postre significan que algunos bienes cambian de manos, mientras que las actividades de los estúpidos no presuponen beneficio para nadie.

Como ocurre con todas las criaturas humanas, también los estúpidos influyen sobre otras personas con intensidad muy diferente. Algunos estúpidos causan normalmente sólo perjuicios limitados, pero hay otros que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o dos individuos, sino a comunidades o sociedades enteras. La capacidad de hacer daño que tiene una persona estúpida depende de un factor principal: la posición de poder o de autoridad que ocupa en la sociedad. Entre los burócratas, generales, políticos y jefes de Estado se encuentra el más exquisito porcentaje de individuos fundamentalmente estúpidos, cuya capacidad de hacer daño al prójimo es potenciada por la posición de poder que ocupan. Las clases y las castas (tanto laicas como eclesiásticas) fueron las instituciones sociales que permitieron un flujo constante de personas estúpidas a puestos de poder en la mayoría de las sociedades preindustriales. En el mundo industrial moderno, las clases y las castas van perdiendo cada vez más su importancia. Pero el lugar de las clases y las castas lo ocupan hoy los partidos políticos, la burocracia y la democracia. En el seno de un sistema democrático, las elecciones generales son un instrumento de gran eficacia para asegurar el mantenimiento estable de la fracción e entre los poderosos. Hay que recordar que, según la Segunda Ley, la fracción de personas que votan son estúpidas, y las elecciones les brindan una magnífica ocasión de perjudicar a todos los demás, sin obtener ningún beneficio a cambio de su acción. Estas personas cumplen su objetivo, contribuyendo al mantenimiento del nivel e de estúpidos entre las personas que están en el poder.

4- La Cuarta Ley Fundamental afirma que las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error. A lo largo de los siglos, en la vida pública y privada, innumerables personas no han tenido en cuenta la Cuarta Ley Fundamental y esto ha ocasionado pérdidas incalculables a la humanidad.

En definitiva, se pueden prever las acciones de un malvado, sus sucias maniobras y sus deplorables aspiraciones, y muchas veces se pueden preparar las oportunas defensas. Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Tal como está implícito en la Tercera Ley Fundamental, una criatura estúpida los perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado. Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que: a) Generalmente el ataque nos coge por sorpresa; b) Incluso cuando se tiene conocimiento del ataque, no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo, carece de cualquier tipo de estructura racional.

5- La Quinta Ley Fundamental afirma que: la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe. El corolario de la ley dice así: El estúpido es más peligroso que el malvado.  El punto esencial que hay que tener en cuenta es que  el resultado de la acción de un malvado perfecto representa pura y simplemente una transferencia de riqueza y/o de bienestar. Todo quedaría reducido a transferencias masivas de riqueza y bienestar en favor de aquellos que actúan malvadamente. Si todos los miembros de una sociedad actuaran malvadamente por turnos regulares, no solamente la sociedad entera, sino incluso cada uno de los individuos, se hallaría en un estado de perfecta estabilidad. Pero cuando los estúpidos entran en acción, las cosas cambian completamente. Las personas estúpidas ocasionan pérdidas a otras personas sin obtener ningún beneficio para ellas mismas. Por consiguiente, la sociedad entera se empobrece. Cabe señalar que  la fracción de gente estúpida es una constante  que no se ve influida por el tiempo, espacio, raza, clase o cualquier otra variante histórica o sociocultural.

Bibliografía utilizada para esta nota:

Cipolla Carlo M. Allegro ma non troppo, 1988.

Nancy Lorenzo
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Licenciada y profesora en Letras. Cursa la Maestría en Ciencias políticas y Sociología. Caminante incansable de los senderos patagónicos. Amante de los refugios de montaña y de los andinistas. Amiga de los soñadores, de la naturaleza, y de los libros

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