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Las guerras que no vemos (y tampoco te van a mostrar)

Y ahora parece que el Ballet Bolshoi es el verdadero culpable de la invasión rusa a Ucrania. Jorge Moyano nos cuenta el detrás de escena de una guerra económica e imperial, con batallas cuerpo a cuerpo, misiles y mucha desinformación.

Nos parece que ha transcurrido mucho más tiempo que el mes y medio que lleva la invasión de Rusia a Ucrania en los hechos; las acciones que se pensaban aquel 24 de febrero como una “operación militar” corta y certera, se convirtieron en una intervención al estilo de la vieja escuela, más cercana a una guerra de trincheras que a una tecnológica con drones y por objetivos, como se nos ha ofrecido tantas veces desde la ficción. Los enfrentamientos son cuerpo a cuerpo, con civiles muertos que hay que contar de a miles, con lluvias de misiles que destrozan todo a su paso aún a riesgo de desatar un desastre nuclear y con un sinfín de refugiados que ya conforman la próxima diáspora de turno. 

Y si ese lapso nos parece mayor, quizás se deba a que en esa cronología existe una multiplicidad de correlatos que lo hacen vivir en simultáneo por distintos “canales” informativos: el conflicto bélico también puede y debe ser analizado desde las múltiples aristas desde las que se nos presenta. La guerra nos perpetró por todos lados, porque la invasión también ha sido mediática; el lugar que ha ocupado la noticia en cada uno de nosotros se vincula de forma directa, incluso con nuestros propios consumos culturales: se nos habla de la invasión desde los lugares tradicionales donde circula la noticia pero también mirando un partido de Premier League, visitando un museo y hasta mirando la gala de los Grammys!  

Ahora bien, cabe preguntarse qué es lo que hace a un hecho noticioso, transmisible, y nótese que ya no alcanza con decir televisado, ya ni es necesario “ver para creer”; hoy las redes sociales cumplen su función de inmediatez e instantaneidad al punto de vivir el conflicto prácticamente en vivo y en directo, con los riesgos que eso conlleva, una muy difusa frontera entre lo creíble y lo falso, lo verídico y lo absurdo. 

¿Cómo se construye una noticia? Para Stella Martini, en “Periodismo, noticia y noticiabilidad” La selección y clasificación de los acontecimientos que serán noticia se apoya en los ejes información-sociedad, en términos de necesidades y expectativas; y de reconocimiento-realidad, en términos de verosímiles que constituyen la realidad cotidiana, y tiene que ver con los valores de noticiabilidad de los que se carga en cada situación y en cada medio en particular. Y un dato no menor: en el momento de la toma de decisiones sobre qué será noticia y qué no, no sólo se incluyen las formas de cómo abordar el trabajo, sino también una forma de pensar la realidad, una visión del mundo.

Quizás esas “necesidades y expectativas” expliquen por qué hay guerras que sí merecen ser contadas y otras mejor no. Aquí los condimentos para contar una buena historia sobran: desde la magnética y sombría figura de Vladimir Putin, el Hitler de TikTok, hasta los peligros de una vuelta al comunismo, se han tejido inabarcables historias y columnas de opinión. Rusia es el demonio que la política económica de occidente eligió para esta nueva década y conviene hacerlo saber ya. 

Digamos más: en esta guerra, hay quienes decidieron que todos -al menos en occidente- debíamos sentar posición y darla a conocer, como nunca antes, desde una multinacional hasta un usuario particular de facebook. Como un censo moral. Es más, mientras en nuestro país nos encontramos en plena discusión sobre las buenas prácticas en redes sociales, sucedió un hecho curioso e innovador: las plataformas, en un claro rol de moderador y editor, decidieron que de acuerdo a cómo los usuarios se manifestaran en sus tweets y posteos en cuanto al conflicto, se los etiquetaría como afiliados al régimen o, poco más, hasta cómplices del totalitarismo. 

Con una rapidez inusual, las organizaciones y marcas más prestigiosas del mundo decidieron imponer sanciones urgentes contra empresas, personas, figuras públicas y deportistas por el sólo hecho de portar nacionalidad. 

Así, descubrimos que el Ballet Bolshoi de Moscú era culpable por el suelo que habita. Y si bien la historia entre el Comité Olímpico Internacional (COI) y los deportistas rusos viene de larga data por aquellas denuncias de doping, incluso hasta en esos momentos se los dejó competir bajo otra denominación. Pero esta vez, la prohibición emperifollada de garantía a la libertad fue total y absoluta. Y ridícula. Pensémoslo así: ¿Cuantas medallas se hubiera privado de ganar Michael Phelps desde 2004 si se hubiera aplicado la misma vara por los crímenes de guerra cometidos por George W. Bush post septiembre 2001? 

Cabe entonces preguntarse cuáles son los reales intereses que se esconden detrás de estos fabricantes de ética y paladines de la libertad; cómo funcionan los algoritmos para que la experiencia del usuario opere en un único sentido, limitando la pluralidad de fuentes y corriendo siempre arriba de la misma rueda. Si toda acción bélica es repudiable, por qué esta tiene la necesidad de condenarse tan enfáticamente por encima de otras.   

¿Cuantas imágenes vimos sobre el ataque aéreo ordenado por la Coalición Árabe contra los hutíes en respuesta a un ataque previo que incluye muertos tanto en Riad como en Yemen el mes pasado? ¿O dónde podemos leer sobre cómo ha recrudecido el conflicto en Mali a partir de la retirada francesa y la vuelta al terror que instaura Estado Islámico por estos días?    

Al parecer, hay guerras y guerras. En algunas partes del mundo, las hemos naturalizado, como si fuera evidente y hasta necesario que ocurran, pues el desconocimiento nos hace creer que la barbarie sucede sólo en países estructuralmente más pobres y, por ende, un montón de revueltas entre facciones y gobiernos autoritarios son parte inherente de sus condiciones de vida en las que se nos oculta que occidente juega activamente. 

Si volvemos a Martini, “Un hecho se vuelve noticia por el efecto y su función social, entendiendo por efecto las huellas que dejan las noticias, en comentarios, conversaciones y debate y en la producción de otros hechos, y como función social, por el valor de la información sobre la vida de los individuos. Por eso, el hecho que repercute más es más noticia, lo mismo que el hecho que repercute en más hechos también lo es”. 

Hay una guerra que sucede, hay una guerra que se construye y hay guerras que se nos escapan. Todo sucede como si viviéramos en un multiverso en el que se nos invita a ser protagonistas, sólo si somos capaces de recitar bien el libreto. 

“El fuego es fuego de donde venga
Guerra no es paz ni el infierno, edén
No habrá justicia si usa la venda
Según quién”        

(“Dicen que Dicen” – Pedro Aznar)

Jorge Moyano
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Periodista e investigador, con tesina en construcción de su licenciatura en Cs. de la Comunicación (UBA). Con más de 20 de años de trayectoria en radio, trabajó en AM, FM y actualmente conduce desde 2018 el magazine Vientos de Colores los jueves de 21-23hs por Radio Emergente. Integrante de la Dirección General de Cultura de la HCDN, dónde realiza locuciones, conduce eventos y desarrolla estrategias de comunicación. Nacido y criado en Ituzaingó pero con el corazón #todorojo en Avellaneda.

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