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La poesía argentina, su punto de partida

Desde sus comienzos (1830) la historia de la poesía argentina se divide en dos ramas: por un lado, la mestiza, extranjera y europeísta; y por otra parte, la pura, nativa y criolla. A su vez, la rama mestiza, extranjera y europeísta tiene cuatro períodos con sus representantes bien definidos. El primero es el Romántico que se extiende desde 1830 a 1880 con las obras de Esteban Echeverría, José Mármol, Olegario V. Andrade y Ricardo Gutiérrez. El segundo es el Clasicista -de 1880 a 1895- representado por Carlos Guido y Spano, Rafael Obligado y Calixto Oyuela. El tercer período es el  Modernista -desde 1895 a 1905- con Leopoldo Lugones como mayor exponente. Y el cuarto es el período de Conciliación que va de 1905 a 1907. Si quisiéramos caracterizar con algún nombre este breve período de transición, Ricardo Rojas sería el adecuado.

Ahora bien, en la propia calificación la rama de la poesía mestiza, extranjera y europeísta contiene su característica fundamental: la falta de originalidad.  Estar dentro de una tradición no es copiar o imitar lo pasado, sino adecuar el pasado al presente,  ubicarse en lo dado y remozarlo con la evolución de la sensibilidad.  Los románticos y los clasicistas argentinos se estancaron en lo pasado, y los modernistas ignoraron deliberadamente todo lo que les era anterior en la lengua en que se expresaban y en su historia nacional: ambos permanecieron, pues, fuera de la tradición y carecieron de originalidad. Si los modernistas pertenecen, en calidad de imitadores, a la historia del simbolismo y el decadentismo poético francés; Ricardo Gutiérrez, José Mármol, Esteban Echeverría, Calixto Oyuela, Rafael Obligado y Carlos Guido y Spano son como poetas de segundo orden en la historia del romanticismo y del clasicismo español. Tal vez se pueda excluir parcialmente a Rafael Obligado en tanto que con su Santos Vega puede figurar, aunque secundariamente, dentro de la rama criolla de la poesía. 

En lo que respecta a la rama pura, nativa o criolla de nuestra poesía no tenemos una  distinción por tendencias ya que la poesía nativa comienza con los dichos populares, las coplas de los payadores ignorados, que corren anónimamente, de boca en boca, entre el pueblo, desde los primeros pasos de la formación del carácter nacional. Sin embargo, cuando pasamos a lo impreso, Hilario Ascasubi es posiblemente  el iniciador de la poesía criolla con Santos Vega, Aniceto el Gallo y Paulino Lucero. Le siguen Estanislao del Campo con Fausto y José Hernández con Martín Fierro. Si las características de esta poesía están ya diseñadas claramente en los poemas de Ascasubi y Estanislao del Campo, no cabe duda que en Martín Fierro adquieren una expresión definitiva y alcanzan el máximo de potencialidad artística. 

Después de Hernández, Almafuerte (seudónimo de Pedro Bonifacio Palacios) es el primero que en nuestra poesía aporta  una nota nueva al arte después de Martín Fierro. Si Hernández hizo hablar al gaucho, Almafuerte es el gaucho de Hernández, ciudadanizado, que habla por su cuenta. Otros poetas que sentían su medio y su época surgieron bajo la égida de Almafuerte. Ninguno tuvo mayor significación, con la excepción de Ricardo Gutiérrez: el único que consigue dar algunas notas típicas del ambiente suburbano pero se eclipsa totalmente al lado de Carriego, al que es necesario llegar para encontrar un nuevo y vigoroso elemento de la poesía nativa: la ciudad que va invadiendo al campo progresivamente hasta excluirlo casi por completo. Y es en esa ciudad de Buenos Aires donde precisamente sobresale la figura de un poeta sobre el cual escribirá Jorge Luis Borges para fundar su propia mitología: Evaristo Carriego.

 

Bibliografía utilizada para esta nota: Roberto F. Giusti: Nuestros jóvenes poetas 

Nancy Lorenzo
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Licenciada y profesora en Letras. Cursa la Maestría en Ciencias políticas y Sociología. Caminante incansable de los senderos patagónicos. Amante de los refugios de montaña y de los andinistas. Amiga de los soñadores, de la naturaleza, y de los libros

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