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Huyamos… ¿hacia la derecha?

La ebullición de movimientos de extrema derecha tuvo con el ballotage Le Pen – Macron, a fines de abril, un nuevo capítulo en la historia de los fanatismos posmodernos. El nacionalismo francés sufrió otro revés electoral, aunque en perspectiva viene creciente elección tras elección. ¿Cómo impacta en Argentina?

Las interpretaciones son múltiples. Para la otra mitad de la biblioteca, mirando en perspectiva, el crecimiento de Marine Le Pen respecto al anterior ballotage ha sido superlativo. Con una postura más mesurada y un discurso menos incendiario, la histórica candidata de la extrema derecha francesa se movió con la experiencia de décadas en este juego de la política y otros tantos debates televisivos encima de sus espaldas; sin olvidar sus preceptos, pero haciendo un esfuerzo intelectual fabuloso para no caer en las trampas del subconsciente frente a millones de espectadores, seduciendo a un electorado tan pendular como el galo. 

Si pudiéramos trazar una línea evolutiva y comparativa con lo sucedido ante cada ola de Covid, en dónde Europa siempre fue el espejo en el cual mirar para entender lo que vendría poco después por estas latitudes, quizás el calendario electoral nos pueda anticipar una pista en ese mismo sentido. Si las primeras experiencias que trajeron tanto el Brexit como las resultantes en Austria, Finlandia e Italia (por mencionar algunas) derivaron como efecto contagio en los ascensos de Trump y Bolsonaro como máxima expresión, ¿qué debemos esperar ante esta nueva oleada frente a los escenarios posibles en América Latina, en donde los candidatos neoliberales vuelven a cobrar fuerza frente a gobiernos nacionales y populares desgastados por su propia gestión post pandemia?  

Si bien las traducciones nunca pueden ser punto por punto, podemos convenir en que este fenómeno ya está instalado, tanto en el norte como en el sur; es un hecho que ya no es posible hablar de “nuevas derechas”, sino de un estado de situación de ascensión permanente, que busca penetrar con prácticas históricas desde el punto de vista ideológico pero también meciéndose en los vaivenes de la coyuntura, con un discurso basado en la antipolítica, el desencanto y el hartazgo, apropiándose de sentidos en constante disputa como son la libertad, la desigualdad y el derecho.       

Deberíamos analizar por qué por estos lares la codiciada figura de Javier Milei -no se habla de otra cosa- ocupa el prime time de cada canal y frecuencia, directa o indirectamente, como el revulsivo que llegó para sacudir el vetusto avispero de la vieja política. ¿Es la expresión de una masa descontenta? ¿Es la construcción mediática de un candidato que representa los intereses más oscuros, de esos que manejan los hilos invisibles bajo la figura genérica del mercado? ¿Es el equivalente -versión beta- de esos candidatos que lograron hacer tambalear a los partidos políticos más arraigados de las democracias europeas? Sí, quizás es todo eso.  

La pregunta, a modo anticipatorio, es si esta nueva y polémica figura emergente de nuestra política transitará los próximos meses bajo este mismo tono de saturación que lo impulsa como una tercera fuerza en todo el país -según los encuestadores-, o si habrá un leve giro oportuno conciliatorio para capitalizar la fuga de votos de los contendientes tradicionales cuando sea la hora indicada, como lo intentó Le Pen.  

¿Vendrán tiempos de moderación en el discurso de Milei o morirá en la suya? ¿Jugará el rebelde todas sus fichas a ganador con esa dosis de histrionismo que lo caracteriza o, llegado el momento -focus groups mediante-, dosificará su belicoso léxico en procura de conquistar indecisos y disconformes? Quizás sea tiempo, en términos de Ervin Goffman, de estar atentos a la fachada que adopte en el mediano plazo. Si esos discursos de odio se verán solapados o se radicalizarán en nombre de la libertad de expresión, como bien explica Federico Corbiere en este mismo sitio.       

Ultra, extrema, centroderecha o simplemente derecha, no importa cómo se presente, lo extremo hoy se hace más evidente hacia los márgenes. Los ultras del siglo XXI ya no son ni viejos carcamanes en torno a una logia, ni grupos antisemitas con métodos ya conocidos por todos (sí, ya sé, que los hay, los hay…). Pero el punto es que hoy estas ideas se concentran en grupos de jóvenes a la deriva en busca de representatividad y donde reflejar su incomprensión, su hastío, sus ganas de pertenecer.

Pero, ¿representa realmente para esos extremos una fuerte convicción de sus ideas o es una puerta de salida exprés para demostrar su rebeldía frente al statu quo? Huyamos hacia la derecha, parecen decir, parafraseando a aquella vieja creación de Hanna Barbera; romper sin pensar, decidir sin evaluar, actuar sin medir, destruir para conquistar. Fórmulas efímeras para el éxito del hoy.  

Cuestión de slogan, si es la libertad la que avanza, ¿qué es lo que veríamos retroceder? Definamos libertad. Lo cierto es que, a final de cuentas, como el personaje Melquíades que acuñó esa frase célebre, huir hacia la derecha es pragmático, es comprar desde el celular y que llegue a casa hoy mismo. Es ahora. Sí, Melquíades era un leoncito carismático, actor de reparto en la gama de personajes, de presencia refinada y con cierta astucia; y como todo león que se precie de tal, jamás perdería su instinto depredador.   

Jorge Moyano
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Periodista e investigador, con tesina en construcción de su licenciatura en Cs. de la Comunicación (UBA). Con más de 20 de años de trayectoria en radio, trabajó en AM, FM y actualmente conduce desde 2018 el magazine Vientos de Colores los jueves de 21-23hs por Radio Emergente. Integrante de la Dirección General de Cultura de la HCDN, dónde realiza locuciones, conduce eventos y desarrolla estrategias de comunicación. Nacido y criado en Ituzaingó pero con el corazón #todorojo en Avellaneda.

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