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Hablar hasta que llueva

En los últimos meses un fenómeno alertó a las provincias por las que recorre el Paraná: el río experimentó una bajante preocupante, la mayor en los últimos 50 años. Según un informe del Instituto Nacional de Agua (INA), sólo en las primeras semanas de abril el caudal disminuyó un 18%.

En un comienzo el tema fue tratado desde la perspectiva ecológica. Miles de peces aparecieron muertos en el lecho acuático y se veían escenas poco comunes, como las magníficas Cataratas del Iguazú con un agónico hilo de agua. Era de suponer el daño que la situación generó en los ecosistemas que dependen de una de las venas de Sudamérica. Hasta circuló en las redes sociales un video en el que dos motociclistas recorrieron varios kilómetros por donde antes había un río desde la Ciudad de Corrientes hacia el este, uniendo los diferentes bancos de arena.

El segundo llamado de atención vino por lado económico. La bajante impidió la circulación por la Hidrovía de embarcaciones de gran porte y se redujeron las actividades en el centro neurálgico de las exportaciones argentinas: el Puerto de Rosario. La Bolsa de Comercio de Rosario subrayó que además del parate por la pandemia del coronavirus y la imposibilidad de las operaciones en algunos sectores del puerto, los costos del complejo agroexportador aumentaron porque la logística demandó un esfuerzo más grande. Sin contar que muchos barcos de gran porte tuvieron que buscar otras terminales portuarias para poder operar. En este sentido, la entidad rosarina proyectó pérdidas por 244 millones de dólares.

También se registraron problemas en la central hidroeléctrica binacional de Yacyretá que, si bien no paró la generación de energía, tuvo que reducir su funcionamiento y debió establecer un protocolo en abril para sobrellevar la situación y garantizar la navegación río abajo.

En definitiva, la situación produjo y produce un impacto ecológico, social y económico.

La causa natural del fenómeno se explica por la escasez de lluvias en el centro y el norte de Brasil, donde nace el Paraná y los ríos que lo nutren. A este proceso natural se lo denomina “bloqueo”, que sucede cuando existe un periodo prolongado sin precipitaciones debido a la instalación de un centro de alta presión.

Pero a estas cuestiones naturales se le suma una problemática extra: la existencia de grandes centrales hidroeléctricas sobre el Paraná y los ríos afluentes. La construcción más emblemática es el ente binacional Itaipú (Brasil – Paraguay). El gigante montado sobre el Paraná lleva el lema de ser la «mayor productora de energía del planeta». Una consigna acorde a la visión histórica y de proyección territorial de Brasil sobre sudamérica, que mantuvo desde su composición, primero como imperio y luego como estado independiente.

Luego de comunicaciones entre la Cancillería argentina con sus pares de Paraguay y Brasil, la Administración de Itaipú accedió, el 17 de mayo, a abrir un poco más sus compuertas para aliviar el magro nivel del río y garantizar la navegabilidad en el tramo que le toca a nuestro país. A esto se le complementó un compromiso para que la central Baixo Iguaçú haga los mismo y alivie el caudal del río Iguazú, que confluye con el Paraná. Por el diálogo entre las carteras diplomáticas, las represas deberían garantizar una recomposición de 8.500 m3 por segundo hasta el 31 de mayo. Pero eso no pasó. Las erogaciones fueron solamente de 6.500 m3/s. Recién el 5 de junio las autoridades volverían a discutir la cuestión, pero desde el lado brasileño no hay mucho interés en colaborar plenamente, porque deben privilegiar el funcionamiento de sus centrales.

Itaipú fue uno de los tantos pasos que Paraguay y Brasil tuvieron que dar para poner fin a sus disputas limítrofes. Un apretón de manos con beneficios económicos el cual permitió que a principios de la década del ‘70 se concreten las primeras obras de construcción en el lugar. Sabiendo esto -más los planes de instalación de otras represas- Argentina aceleró sus acciones diplomáticas para la firma del Tratado de la Cuenca del Plata (abril de 1969), ante el temor de perjuicios relacionado con los cursos y el caudal de sus ríos. Los países firmantes Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay obtuvieron diferentes concesiones y obligaciones, con especial interés en solucionar las cuestiones limítrofes y los regímenes de aguas en las cuencas de los ríos Paraguay, Paraná, Uruguay, de la Plata y afluentes principales.

Ni bien Itaipú comenzó a funcionar hubo una situación de bajante similar. Argentina y Brasil elevaron el tono de la discusión diplomática y el Tratado de la Cuenca del Plata fue el marco en el que la “crisis” se diluyó.

En 2020 nos encontramos ante un escenario igual de dramático para el país. Al daño ecológico se le suman los perjuicios sociales y económicos, en especial la producción y el trabajo.

La Argentina tiene una tradición diplomática muy buena en atender los problemas con los vecinos. Es obvio que en este escenario de pandemia las autoridades del Palacio San Martín tendrán decenas de prioridades, pero las cuestiones con Brasil tienen que ser trabajadas con tiempo y con un diálogo abierto entre Estados.

¿Por qué con tiempo? Porque a las urgencias ambientales y económicas de la Argentina se le suma el caldeado clima político en el gigante sudamericano. El presidente Jair Bolsonaro tiene dos frentes abiertos. Por un lado la situación sanitaria generada por el Covid-19 y la falta de políticas de salud para atender a la población. Por el otro, una interna en el poder con algunos de sus ex socios políticos y económicos.

En este último punto es, tal vez, en el que el mandatario se siente más atrapado. Sus ex camaradas de armas lo condicionaron en el gabinete y su ex ministro de Justicia y pieza fundamental en la persecución contra los líderes del PT, el juez Sergio Moro, lo confrontó y también lo quiere llevar al banquillo de los acusados, tal como lo hizo con Lula da Silva. Sin duda hay una disputa en los intestinos del poder brasileño.

El Estado argentino tiene que atender los problemas que ocurren con el Paraná. Tal vez sea el mayor desafío importante por fuera de la pandemia que le toque a la Cancillería. Desafío porque la situación ecológica-económica es urgente. Importante porque requerirá un diálogo firme pero cauteloso ante un gobierno que tiene problemas internos puede utilizar cualquier excusa externa para mejorar su imagen.

arielhdiez@gmail.com | Sitio web | + posts

Correntino. El mate y el río como banderas.
Licenciado en Periodismo (Facultad de Ciencias Sociales – UNLZ). Especializado en política, estadísticas, diseño web y herramientas digitales para visualización de datos. Actualmente trabaja como editor en la web de la Agencia de Noticias Télam.

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