Close

Gaslighting, el otro abuso

Esta forma de abuso psicológico, que consiste en la estrategia de manipular la percepción de la realidad del otro para sembrar dudas en la víctima, está siendo cada vez más frecuente en relaciones amorosas, familiares, de amistad o laborales. Valeria Guerra te cuenta todo al respecto.

“Necesitas ayuda”, “te enojas por nada”, “te confundiste de nuevo”, “nunca te dije eso”, “siempre estas a la defensiva”, son algunas de las frases que utiliza el abusador y que pueden darte una pista de que estás siendo víctima de gaslighting.

Este término, también llamado “luz de gas”, es una forma de abuso psicológico que consiste en manipular la percepción de la realidad del otro. El concepto proviene de la obra de teatro británica Gas Light, de 1938 (titulada Angel Street, en Estados Unidos), así como de las adaptaciones fílmicas de 1940 y 1944. En ellas, un hombre manipula objetos de su casa y recuerdos para hacer creer a su mujer que está loca y quedarse con su fortuna. 

Gaslighting se ha usado coloquialmente desde la década de 1970 para describir los esfuerzos para manipular el sentido de realidad de una persona. En un libro de 1980 sobre el abuso infantil, Florence Rush mencionó la adaptación de 1944 de George Cukor y escribió “incluso hoy, la palabra gaslight es usada para describir un intento de alguien de destruir la percepción de la realidad de otra persona”. El término fue popularizado en el libro Gaslighting: How to Drive Your Enemies Crazy, de Victor Santoro, publicado en 1994, donde se exponen tácticas ostensiblemente legales para molestar a otros.

Este patrón de manipulación de la percepción de la realidad del otro es un abuso psicológico a través de la cual se niega la realidad, se da por ocurrido lo que nunca sucedió, o se presenta información falsa con el fin de hacer dudar a la víctima de su memoria, de su percepción o de su cordura.​ Puede consistir en negaciones simples por parte del abusador, en el sentido de si determinados sucesos ocurrieron o no, o incluso en la escenificación de situaciones extrañas con el fin de desorientar a la víctima.

De acuerdo a estudios de psicología, para detectar si estás sufriendo gaslighting se debe conocer el proceso y evolución de este fenómeno, fijarse en cada una de las conversaciones que se tienen para luego poder diferenciar las tres etapas que podrían darse: idealización, devaluación y descarte.

En la etapa de idealización, a la víctima le encanta la persona que hace gaslighting, ya que proyecta una imagen de sí misma como el compañero perfecto. En la etapa de la devaluación es cuando la víctima pasa de ser adorada a ser incapaz de hacer algo bien, pero después de haber probado el ideal, está desesperada por arreglar las cosas. Por último, en la etapa de descarte es donde empiezan los problemas y la persona que abusa ya no se preocupa de arreglar la situación; como mucho, intenta compensar con algún momento positivo. Es decir, pueden ser personas con tendencia a encadenar relaciones.

Según los expertos, las víctimas ya no saben cuál es el criterio o la realidad. Por lo tanto, este tipo de abuso emocional puede ser más difícil de detectar para la persona que lo sufre y para su entorno que los abusos físicos.

En ese sentido, los psicólogos recomiendan detectar las señales anteriormente citadas y reconocer que existe un problema. Otro punto a tener en cuenta es el de reforzar los sentimientos: nadie puede decirte qué emociones debés tener ante ciertas situaciones, y no tenés que disculparte por estar triste o sensible.

Dentro de los principales efectos psicológicos del gaslighting a medio y largo plazo, se pueden citar: dudas sobre la capacidad para recordar bien, sobre el propio raciocinio, sobre la propia salud mental, y bajada en el nivel de autoestima de la víctima. 

De acuerdo a la psicología, una persona que abusa emocionalmente de otra mentirá constantemente, negará todo, dará “una de cal y una de arena”, utilizando el refuerzo positivo para compensar, incluso en la misma conversación, hará compartir sus inseguridades y sabrá cómo manipular, incluso, al entorno de la víctima.

Por muy sutil que sea este tipo de manipulación, nadie se encuentra indefenso ante él. Existen maneras de afrontar este tipo de ataques, a no ser que ya exista un fuerte precedente de abusos y no se pueda afrontar la situación manteniendo un mínimo de serenidad.

Los psicólogos recomiendan ante estos casos confiar en la intuición, no buscar la aprobación del otro, recordar la autonomía de los propios pensamientos, ser consciente de los propios valores y mantener firmes los límites personales sin permitir que alguien los traspase.

 

Si sos víctima de éste u otro tipo de abusos, haciendo clic aquí podrás encontrar, líneas y centros de atención para denunciarlos.

Valeria Guerra
+ posts

Lic en Ciencias de la Comunicación (UBA). Posgrado en Comunicación Corporativa (UADE). Maestrando en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones (Universidad Austral). Periodista agropecuaria. Comunicadora en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

scroll to top