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Fuimos Héroes

Los suicidios en el deporte son un tema tabú. La salud física en algunos casos no acompaña la mental. Las exigencias de la alta competencia, los retiros a edad temprana o los simples problemas de un mundo incierto son algunos factores que terminan en muertes evitables. Este verano dejó dos nuevos nombres en una larga lista que suele mantenerse oculta en los discursos motivacionales de una sociedad súper exitista. Desde Mendoza, Lisandro Alzugaray te cuenta algunas soluciones entre las que se destacan la reciente creación de la Asociación de Jugadores de Fútbol de Élite de la República Argentina (AJUFE) y un proyecto de ley local sobre asistencia psicológica para deportistas.

Dos suicidios sacudieron el ambiente deportivo recientemente. Por un lado, el de Sebastían “el Morro” García, delantero y goleador de Godoy Cruz de Mendoza, de 30 años, gran figura del Tomba en las últimas temporadas. Al día siguiente, se quitó la vida el joven rugbier del equipo inclusivo y de la comunidad LGBT Ciervos Pampas, Alan Calabrese, de tan sólo 22 años. 

Este tipo de tragedias no son nuevas en el mundo del deporte y, a lo largo de la historia, ha afectado tanto a jugadores jóvenes y en actividad como no pocos retirados. Basta  recordar los suicidios de Julio César “Huevo” Toresani, Mirko Saric, Alberto Vivalda, Sergio Shumlmeister, Mariano Gutiérrez y muchos otros no tan conocidos. 

El “Huevo” fue jugador de Boca, River, Colón, Unión e Independiente. Se suicidó el 21 de abril de 2019 a los 51 años, presumiblemente a causa de la depresión sufrida debido a su situación familiar -alejado de su ex esposa y sus cuatro hijos-, y por el consecuente deterioro patrimonial por la separación y la falta de trabajo. Toresani ya había intentado suicidarse con pastillas, pero le salvaron la vida en el Hospital Provincial «Dr. José María Cullen». Sin embargo, la recuperación física no fue suficiente. Le faltó tal vez acompañamiento psicológico o, simplemente, el brillo de la fama.

Mirko Saric tenía sólo 21 años y jugaba en San Lorenzo cuando se ahorcó en su casa del Bajo Flores. El joven habría estado padeciendo una profunda depresión por las repetidas lesiones y decía “no encontrarle sentido a la vida”. 

Alberto Vivalda, quien fuera arquero de Racing a mediados de los ´70, se arrojó a las vías del ferrocarril Mitre en San Isidro, el 4 de febrero de 1994. Sus allegados comentaron que la muerte de su papá lo había afectado y sumergido en un profundo estado depresivo. 

El 4 de febrero de 2003, el entonces arquero de Huracán, Sergio Shulmeister, de 25 años, apareció ahorcado en su casa. Se habló de una transferencia frustrada y de una lesión que arrastraba.

Otro caso conocido es el de Rubén “Chapa” Suñé, reconocido ex jugador de Boca, quien se tiró desde el balcón de su casa intentando poner fin a su vida, pero sobrevivió. Estuvo cuatro meses en un hospital y los siguientes nueve en una clínica psiquiátrica. Por suerte, el ex zaguero se pudo reponer para contarla: “cuando el fútbol se acabó, el mundo se me cayó encima, no supe qué hacer y me deprimí”.

También causaron conmoción y tristeza a nivel internacional las muertes de Ramiro “Chocolatín” Castillo, quien en nuestro país jugó en Argentinos y en River, entre otros. El húngaro Sandor Kocsis, figura y goleador de su selección subcampeona en el Mundial de Suiza 1954, se quitó la vida a los 49 años y el brasileño Garrincha falleció a causa de una cirrosis en 1983.

Estos casos podrían llevarnos a pensar si el  “juego” del fútbol -así como de otros deportes- realmente es tal. Muy poca gente lo toma así. Para muchos, el deporte se convirtió en cuestión de vida o muerte; para otros en una salvación económica, y algunos lo ven como un negocio multimillonario del cual sacar ganancia.

Los jugadores son tratados como mercancías: deben rendir al máximo en todo momento, hacer lo imposible para ganar a toda costa, nada debe distraerlos del objetivo. El éxito deportivo y monetario son prioridad desde hace mucho tiempo. Se deshumaniza a las personas y  se dejan muchos otros aspectos de lado, entre ellos el psicológico.

De todo esto, surgen numerosas preguntas: ¿Qué tipo de acompañamiento tiene el jugador ante una situación dolorosa? ¿Qué pasa cuando dejan la práctica activa? ¿Qué lleva a deportistas o a ex jugadores a tomar tan drásticas decisiones? ¿Con qué recursos se cuenta para asistirlos?

Una luz de Esperanza

Juan Carlos Guzmán es ex jugador de fútbol, defensor histórico de River y campeón de América en 1964 y 1965, con Independiente de Avellaneda. “El Flaco” o “la Garza” -como lo apodan- creó junto a los Campeones Mundiales de 1978, la Asociación de Jugadores de Fútbol de Élite de la República Argentina (AJUFE), que el 3 de marzo consiguió su personería jurídica. El Secretario General es Rodolfo Valgoni, el preparador físico de aquel glorioso plantel. Entre otros integrantes se destacan futbolistas consagrados como Daniel Bertoni, Ricardo Julio Villa, Jorge Mario Olguín y Jorge “Tapón” Gordillo. Todos los fondos de la Asociación actualmente salen de sus bolsillos.

Desde que nació, la Asociación desarrolla programas y acciones de inclusión, formación, asistencia, capacitación, voluntariado, socialización del fútbol, inserción laboral y prevención de adicciones como una nueva forma de «educar para la paz» y ayudar así, a jugadores retirados así como también en actividad y formación.

Al respecto, Juan Carlos nos cuenta: “Muchos jugadores al momento de retirarse se sienten marginados, debilitados, depresivos; se abandonan y algunos también entran en los vicios. Actualmente, hay 400 o 500 jugadores que no pueden vivir dignamente. Ante la ausencia de instituciones que los ayuden, aparece la AJUFE”.

El objetivo final de la Asociación es mucho más abarcativo; quieren crear una obra social para ex futbolistas, programas de trabajo y contención, una red de psicólogos que trabaje con menores en su desarrollo y que los mantenga alerta ante situaciones inesperadas. El grupo cuenta con el respaldo de Mario Kempes , Javier Zanetti y se encuentra en la búsqueda de apoyo de parte de autoridades nacionales, provinciales y sponsors que puedan sumarse a la causa, ya que intentan llegar a futbolistas de todo el país.

Iniciativa mendocina

Mercedes Rus es senadora provincial de la Unión Cívica Radical y presentó un proyecto de ley de Asistencia Psicológica Integral a Deportistas (Expte. 75.381),que tiene como objetivo lograr que las entidades deportivas radicadas en Mendoza presten asistencia psicológica integral a las y los deportistas federadas/os que los representen en cualquier nivel competitivo.

Al respecto, Rus afirma: “en nuestra condición de seres humanos, nuestra salud y la de nuestros seres queridos es un asunto de preocupación cotidiana. Cualquiera sea nuestra edad, género y/o situación socioeconómica consideramos que la salud es nuestro bien más básico y fundamental”.  Si bien en el fútbol mendocino en general se cuenta con una asistencia psicológica básica, el objetivo es trasladarlo hacia otras disciplinas y a las divisiones inferiores”.

Por eso, “estamos teniendo reuniones y escuchando a  los diferentes actores para pensar los ajustes necesarios y poder llevar a cabo el proyecto. El objetivo es proteger al deportista, considerarlo como un valor cultural y no como mercancía”, sostiene la legisladora. Este proyecto comenzará a tratarse a partir del 1ro de Mayo, con la apertura de la Asamblea Ordinaria.

De a poco, en la provincia, los clubes, las y los profesores de Educación Física, van demandando asesoramiento y apoyo psicológico, lo cual da cuenta de la necesidad de una mirada integral para la/el deportista y quienes la/lo acompañan.

Asimismo, existe un Departamento de Psicología, a cargo de la Lic. Marina Canizzo,  que funciona en la Secretaría de Deportes del Estadio Malvinas Argentinas. Dicho departamento pertenece al Ente Gubernamental de la Provincia y se encarga de brindar asesoramiento psicológico; sin embargo, en muchas ocasiones no ha podido dar respuesta frente a las demandas. Si bien se está trabajando en brindar soluciones a situaciones que generan angustia en el ámbito del deporte y la sociedad, aún queda mucho por trabajar en materia de prevención.

 

 

Ana Laura Roitman, psicóloga  con un amplio recorrido de trabajo en la materia con deportistas, entrenadores y árbitros, analiza junto a PostPeriodismo la problemática.

¿Existen indicadores en relación al suicidio?

Cuando estamos hablando del suicidio de una persona, justamente hablamos de eso: de un ser humano. Por lo tanto, corresponde ordenar prioridades. Primero está la persona, después el deportista, luego la competencia y todo lo que viene detrás. Con lo primero que hay que trabajar es con la persona a cuidar, porque lo que a ella le suceda va a repercutir en el deportista y en todos sus otros aspectos. Estos  factores existen en todas las personas, no sólo en los deportistas. Frente a la problemática del suicidio hay muchos indicadores, como diversidad de personas. Lo que para algunas es poco significativo no lo es para otras. Se pueden pensar en algunas cuestiones básicas como las patologías de salud mental de base. Por ejemplo, personas con rasgos depresivos, manías, impulsividad, hiperactividad o  agresividad. Ahora bien, que se presente algún indicador no quiere decir que esa persona se va a suicidar. Es mucho más complejo. Otros indicadores pueden ser las relaciones intrafamiliares de la persona: si es de una familia donde la comunicación no fluye, si existen vínculos violentos dentro y otras dificultades sociales. También se pone en juego la variable éxito. ¿Por qué ahora nos resuena tanto la muerte de estos deportistas que se han suicidado? Porque tenemos la idea, como sociedad, de que el deportista es una persona exitosa. Y, ¿por qué una persona exitosa se suicidaría? Hay que pensar que el éxito es un arma de doble filo, porque  la contracara del éxito es la presión: la presión constante que hay para ser exitoso.

¿Qué medidas de prevención pueden tomarse?

Hay que poder bajar esta expectativa de éxito permanente, de resultados, de ganar siempre. Esto hace que la presión esté permanentemente presente y eso muchas veces no permite disfrutar. Hay que correr un poco el foco del resultado para poder pensar en el rendimiento en términos de mejoras. Es importante para la persona ir viendo si ha progresado, si ha alcanzado ciertas metas. El resultado no debe primar frente al rendimiento. Poder tener entrenadores o entrenadoras que focalicen en eso y que pongan a la persona antes que al deportista es importantísimo. Es una variable clave para la prevención. Otra variable, también, es hablar, preguntar, poder saber, que los temas que causan preocupaciones no sean silenciados: saber cómo la persona se siente es crucial. Muchas veces se piensa que la psicología deportiva tiene que ver con la motivación, con el simple aliento. Pero es algo mucho más complejo y que requiere de atención y contar con las llamadas “herramientas de prevención”: escuchar y posibilitar que la palabra esté circulando en un equipo, en  un grupo de amigos, de compañeros.

¿Cuáles podrían ser las causas que lleven a deportistas a atentar contra su vida?

Generalmente, las causas tienen que ver con los indicadores, con grandes dificultades a nivel vincular, familiar, grandes montos de presión a los que no se les puede hacer frente. Hay que trabajar en posibilitar herramientas psicológicas para hacer frente a estas presiones y que ellos puedan tener una vara propia. Construir herramientas psicológicas que les permitan valorar otras cosas. Por ejemplo, en una situación muy común, la pregunta habitual del adulto que acompaña al joven jugador después del evento deportivo es “¿ganaste?”. Deberíamos poder pasar del simple pero profundamente pesado y cargado de sentidos “ganaste” al ¿te divertiste?, ¿la pasaste bien? Es importante correr el foco de la demanda del éxito voraz que presiona sin cesar.

Lisandro Alzugaray
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Periodista. Nada más ni nada menos. Apasionado por el rugby. Mendocino, mucho mate y escribe fenómeno.

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