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Feminismo en Argentina, un movimiento vibrante

La reconocida socióloga, historiadora y feminista argentina, Dora Barrancos, brindó una entrevista para PostPeriodismo, en la que hace un balance de los logros obtenidos en materia de igualdad de género, y lo que queda pendiente en la lucha. A cinco años del primer #NiUnaMenos y en la misma semana del fallo en la que el juez Fernando Rivarola demostró una vez más que en la justicia no hay perspectiva de género al tamizar un delito de violación por “desahogo sexual”, Dora reflexiona y le pasa esa llama a las pibas, que con sus brillos y pañuelos verdes marcan el rumbo sin pausa hacia la igualdad de género.

¿Qué balance puede hacernos a 25 años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, de cara a la agenda del siglo XXI?

Actualmente tenemos hasta la mitad del vaso lleno; hay muchas sociedades con avances formales. En la nuestra, particularmente, sobre todo en términos de violencia contra las mujeres. La Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, se inscribe en el mandato de Beijing y desde luego que se articula con las convenciones. En otra cuestión que hemos avanzado fue en la paridad en términos políticos, en la comunicación, la información, etc., y en la adecuación del Estado en general a la perspectiva. Con la Ley 27.499 de Capacitación Obligatoria en la temática de Género y Violencia contra las Mujeres – “Ley Micaela”- se dio un paso muy grande, porque ahí es todo el Estado argentino el que se obliga a actuar inexorablemente con lo que podrían ser actitudes, conductas, fallos, normas y políticas de equidad y de igualación. La Ley Micaela implica la erradicación en todo el aparato del Estado de la violencia patriarcal.

Hay discusiones que 25 años atrás no se daban. ¿Qué materias quedan aún pendientes?

Quedan trechos enormes. Todavía no tenemos salud y articulación con la autonomía de las mujeres. Necesitamos la Ley del Aborto; lamentablemente, no se consiguió en 2018. Esperamos que ahora se consiga con el proyecto que envíe el presidente Alberto Fernández al Congreso y será de enorme proyección continental. Otro de los aspectos que marca también Beijing, y sobre el que tenemos gran retraso, es todo lo que tiene que ver con la incorporación de mujeres al mercado laboral en condiciones de equidad con los varones. Estamos muy lejos de ese propósito. En muchos lugares no se incluyen derechos para las mujeres, pero en ninguno se da de manera tan ostentosa, tan indisimulada y tan naturalizada como es en el mercado laboral. Hay que hacer muchísimo para que el Estado administre políticas para la sostenibilidad de mujeres en el mercado laboral en el amplio sentido, y no en el sector consagrado para las mujeres que es el sector servicios. Es uno de los atrasos mayores.

Y en términos de la estructura legal en Argentina, ¿cuánto hemos avanzado?

Tenemos un aparato legal importante que garantiza formalmente derechos, pero el problema es la resistencia social y cultural habida, el hecho de que tengamos un fallo aberrante como el del fiscal Fernando Rivarola, de Rawson, que definió como «desahogo sexual» un caso de abuso. Ahí hay grandes dificultades. Tal vez de los tres poderes del Estado, dentro de los mandatos de Beijing, el poder que está más retrasado es el Poder Judicial, y el más adelantado es el Legislativo. Sin embargo, con la creación el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, vamos a tener una mejor adecuación a la perspectiva formal y administrativa del Estado. Y debemos pensar que se irá mucho más lejos que el momento antecedente en materia de igualación de derechos para las mujeres.

El pasado 3 de junio se cumplieron 5 años del movimiento #NiUnaMenos. ¿Cómo ve la evolución de la lucha feminista como movimiento social en argentina?

No hay un movimiento más vibrante y de alcance y proyección mayor que el que representa el movimiento feminista argentino en sus muy variadas vertientes. El feminismo siempre debe ser leído en plural, pero lo más importante que tenemos hoy es su derrame a mujeres de los sectores populares y a nuestras mujeres de los pueblos originarios. Es lo que está hoy como novedad y es lo más impactante respecto a lo que ocurría 20 años atrás. Y la otra pata es la juventud; la demografía joven que tienen las vertientes feministas en este momento es excepcional y marca la posibilidad de que estemos con mucha expectativa acerca del futuro. 

Teniendo en cuenta el aumento de la cantidad de denuncias por violencia de género en cuarentena, y el aumento de los femicidios, ¿cuál es el abordaje adecuado que debemos tomar como sociedad para avanzar en la erradicación de la violencia hacia la mujer?

La tarea de la sociedad es enorme. Hay que sacudir los bastiones colosales de reservas de actitudes, de consagraciones mentales, de imaginarios patriarcales. La sociedad sigue siendo vertebralmente una sociedad sobre valores patriarcales y eso implica una tarea enorme. Sin embargo, una cosa es la tarea que corre por cuenta de la propia sociedad civil desde sus casas, y otra es la tarea independiente que debe tener el Estado para contribuir a estas transformaciones socioculturales. El Estado tiene que hacer construcciones fundamentales para minar la roca, el granito patriarcal. Esperamos ser alcanzados por medidas de este gran cambio en las cuestiones de políticas generalizadas. Creo que en este punto hemos ganado. Además del Ministerio, que es un paso gigante, no existe hoy jurisdicción argentina que no tenga un aparato destinado a mujeres y géneros y diversidad. 

Al respecto, recientemente el Ministerio de Defensa relanzó el Consejo de Políticas de Género… 

Si. El Consejo nació con la gestión de Nilda Garré en 2007 y busca recuperar el rol que se perdió en los últimos años. Se avanzó extraordinariamente en materia de derechos para las mujeres y también para los hombres. Había un retraso en materia de derechos civiles para los varones de las fuerzas. Un precario estado donde prácticamente había que pedir autorización para casarse. Los avances que se hicieron con el Consejo de Políticas de Géneros implicaron fuertemente una gestión pro-equidad para las mujeres, pero también una extensión de derechos individuales para los varones. Y ahora ese Consejo fue relanzado por el ministro Agustín Rossi, lo cual propicia una democratización de base que implica el reconocimiento igualitario para esas funciones de mujeres.

Para cerrar, ¿considera que feminista se nace o se hace y se enseña?

Alguna vez pude construir ese sintagma. Feminista no se nace. Nos construimos feministas. Hay ocasiones donde hay una remoción de escombros, de subjetividades que salen de ese letargo que son inherentes a la naturalización de los mandatos patriarcales. Lo más importante no es decirse feminista, sino construir luchas, sentidos y solidaridades a la altura de nuestros mandatos y obligaciones de luchas por la igualdad. Estamos en una época donde se avizoran grandes cambios, porque hay una gran expectativa en las más jóvenes generaciones. Ahí apostamos fuertemente. 

Valeria Guerra
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Lic en Ciencias de la Comunicación (UBA). Posgrado en Comunicación Corporativa (UADE). Maestrando en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones (Universidad Austral). Periodista agropecuaria. Comunicadora en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

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