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Espejito, espejito: orientalismo en las series

“Vivo en el país más racista del mundo… después de los EE.UU.” La que habla es Sulle, una de las protagonistas de la ficción Kalifat (El Califato, 2020, Netflix) y, aunque la frase se vuelva premonitoria y cobre mayor significación aún por estos días, hace estricta referencia a la trama de una serie (sí, otra más) que aborda la trama de Medio Oriente, pero bajo el halo occidental y la mirada eurocentrista (sí… otra más).

El país al que hace referencia Sulle es Suecia, donde mayormente sucede la trama, y quizás ese pasaje presente en el primero de los ocho episodios que conforman la serie constituya la única crítica solapada que se hace del país de origen, conocido mundialmente por sus estándares de calidad de vida, educativos, económicos, y que también ha sido motivo de controversia cuando el presidente Alberto Fernández lo citó en conferencia de prensa en relación a algunos números relacionados con la pandemia.

Retomando el eje de la discusión, se puede ver desde el vamos cómo se despliega el mapa de situación y dónde se colocan las fichas de un juego ya conocido: quiénes son los buenos y los malos, los argumentos basados en creencias que motivan el conflicto, la preparación de un atentado terrorista, el daño que los musulmanes quieren causar al status quo, y una suerte de etcéteras más que completan el casillero del estereotipo que solemos encontrar en este tipo de producciones. Ah, y por supuesto, ametralladoras al aire, ejecuciones express y ley del talión están incluidos en el menú.

No poder despojarse de la mirada occidental para narrar la problemática de ese otro mundo sólo consigue reproducir los estereotipos más arraigados en nuestra cultura para contarse a sí mismo, en loop, lo que nos han inoculado respecto de esa alteridad, producto de un proceso que consta de diferentes etapas: el extrañamiento, la exoticidad y hasta la parodia.

Como bien afirmaba Edward Said (1935-2003), escritor palestino y pionero de los estudios sobre Orientalismo, aquello que se dice de Oriente funciona más para definir a Occidente que para dar precisiones sobre aquél. La relación de poder que se construyó históricamente de uno sobre el otro ha prefigurado un relato a través de las industrias culturales, con el cine y la literatura como estandartes, con el único propósito de ensalzar la identidad propia en detrimento de todo aquello que no es como uno.

Y si de mirar su ombligo se trata, la serie tiene mucho de esto. Las ideas extremistas vienen a llenar un vacío en los más jóvenes de su pulcra sociedad que, ante el ojo acusador, opera más como un acto de rebeldía que por convicción moral, política o religiosa. De hecho, su creador Wilhem Behrman reconoce públicamente y sin tapujos que la serie nació después de ver una foto en un periódico en donde se narraba la experiencia de tres chicas británicas que se habían escapado de sus casas para unirse al ISIS. De esa indignación individual nace Kalifat, como necesidad catártica de demonizar un mundo lejano que pretende corromper las bases instituidas.

Claro que no es el único ejemplo. Estas estructuras se pueden observar en series mucho más taquilleras (Homeland, Fauda, House of Cards) y hasta en otras más banales (Messiah) en donde el Jesús del siglo XXI es más parecido a un influencer norteamericano, dejando en claro que se puede salvar a la humanidad vistiendo jeans y luciendo barba prolija, más adecuado para la portada de Esquire que para una conmovedora reflexión.

Pero no todo está perdido. Que Bong Jono-Hoo haya tenido un inmenso año con Parasite nos está interpelando que conocer Oriente (en este caso Corea) de primera mano, funciona; quizás por ello también el éxito de Unorthodox, que utiliza otras herramientas para adentrarnos a un mundo para muchos desconocido y respetando elementos claves que le dan credibilidad a la trama (como el hecho de que la serie esté hablada en Yiddish o la mirada puesta en las costumbres y ceremonias ancestrales).

Debemos aprender a quitarnos el chador eurocentrista de encima, lleno de estereotipos culturales producto de esa desigual relación de fuerzas que, hasta el día de hoy, marca la cancha para controlar qué imagen devuelve el espejo.

Jorge Moyano
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Periodista e investigador, con tesina en construcción de su licenciatura en Cs. de la Comunicación (UBA). Con más de 20 de años de trayectoria en radio, trabajó en AM, FM y actualmente conduce desde 2018 el magazine Vientos de Colores los jueves de 21-23hs por Radio Emergente. Integrante de la Dirección General de Cultura de la HCDN, dónde realiza locuciones, conduce eventos y desarrolla estrategias de comunicación. Nacido y criado en Ituzaingó pero con el corazón #todorojo en Avellaneda.

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