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El ideal igualitario

La idea de igualdad no es unívoca. La misma historia de la idea no es más que una historia de tipos de igualdad para cada período, y de significados y aplicaciones que varían de un período a otro. La igualdad siempre está ahí, al otro lado de la esquina. Sin embargo, ninguna democracia moderna, socialista o capitalista, ha logrado salir de la encrucijada de la  injusticia en el mundo.

Aristóteles afirmaba que hay tantos tipos de igualdad como constituciones existen; en efecto, los antiguos griegos sabían distinguir entre isopoliteia, isotimia, isotimema, isopsephia, isonomia, según desearan indicar la igualdad política, del valor, del voto, de los derechos o de la repartición. Es decir que la determinación del concepto de igualdad depende de su criterio regulador que contribuye a establecer el significado y la extensión de la libertad individual en la vida social. Por eso, no se debe soslayar la formidable ruptura intelectual que la idea de igualdad política introdujo en las representaciones sociales a partir del siglo XVIII.

En efecto, durante el acontecimiento propiamente revolucionario (1789-1794) la lucha por el  poder se disputa mediante la palabra y pertenece al pueblo. El pueblo pasa a ser la  sustancia del igualitarismo revolucionario y el poder se define por el control que el pueblo (sus políticos) ejerce sobre la palabra y la opinión. Esa naturaleza discursiva e imaginaria de la lucha política es la que hace imposible toda forma de representación política e instaura la ficción de la democracia directa

De este modo, la ideología igualitaria pasa a ser la clave de la integración nacional y su poder integrador opera sobre la base de su contrario: el principio de exclusión. El jacobinismo realiza en sí mismo esta dinámica, la fusiona: durante un tiempo será la sociedad de ideas la que logra representar al pueblo y simbolizarlo, encarnarlo. Pero con la derrota del jacobinismo, la ideología igualitaria deja de ser el centro de la vida política, y ese discurso que legitimaba y mantenía viva la Revolución se degrada en un instrumento táctico, eventualmente utilizado. Comienza así la instauración de la democracia representativa y el camino para la instauración de otra legalidad y la búsqueda de la igualdad política que se enriquece en el marco de una reflexión más amplia sobre los límites de la universalización del sufragio. 

Cabe señalar la radical novedad que implica el sufragio dentro de las tradiciones cristianas y liberales de la política occidental: al propugnar la igualdad política entre todos los individuos, el sufragio rompe con las doctrinas previas de raíz judeocristiana, como el liberalismo y el socialismo, cuyas percepciones negativas del derecho se limitaban a la consagración de la igualdad social y económica.

Es decir, no existe por un lado la igualdad civil y la igualdad política -que se afirmarían con el surgimiento de las democracias liberales-, y por el otro la igualdad social, cuya búsqueda caracterizaría al socialismo. Al contrario, la igualdad política instaura un tipo inédito de relación entre los hombres y mujeres, alejada de todas las representaciones liberales o cristianas que habían sostenido anteriormente el valor de igualdad en las sociedades occidentales. En otras palabras, la igualdad política marca la entrada definitiva en el mundo de los individuos acercando y anulando lo más distinto que existe entre los hombres: el saber y el poder. 

De este modo, la historia del sufragio universal entreteje su trama con la del advenimiento del individuo y la realización de la igualdad, encontrándose, por esa razón, en el centro del proceso de invención de las sociedades modernas alrededor de las cuales se diseñaron los primeros esbozos de una sociedad igualitaria, aunque su realización sigue constituyendo un enigma y una labor por realizar. 

 

Bibliografía utilizada para esta nota:

Furet, Francois: Pensar la revolución francesa. Barcelona, Petrel, 1980

Nancy Lorenzo
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Licenciada y profesora en Letras. Cursa la Maestría en Ciencias políticas y Sociología. Caminante incansable de los senderos patagónicos. Amante de los refugios de montaña y de los andinistas. Amiga de los soñadores, de la naturaleza, y de los libros

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