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Ghosting, el “arte de desaparecer” en cuarentena

Ghosting, el “arte de desaparecer” en cuarentena / Versión accesible

Definido por los expertos como “algo único en el mundo online”, es una práctica cada vez más frecuente que daña la integridad de quién lo sufre, y, en tiempos de aislamiento, cala aún más hondo en el corazón de la víctima.

La situación de público conocimiento que estamos atravesando como país y mundo nos lleva a un replanteo de las relaciones humanas como tales en este contexto de aislamiento social obligatorio. Los psicólogos y psiquiatras acusan estar “desbordados” de trabajo: separaciones, peleas, angustias, incertidumbre por el futuro, miedo al contagio, y todo tipo de conflictos exacerbados por el encierro hacen que las consultas de salud mental se acrecienten al ritmo de la curva de contagios.

Los que están solos porque están solos, los que conviven porque conviven, los que tienen hijos y hacen home-office porque no dan abasto, los familiares y amigos que se extrañan, los nuevos integrantes que no pueden conocerse, los amantes que no pueden concretar su encuentro… Pero nadie hasta el momento se ha preguntado qué sucede con el ghosting, un término que puede sonar nuevo para los nacidos en el siglo XX, pero en realidad es una práctica que ha existido desde el principio de los tiempos.

Más conocido como “hacerse el fantasma”, el ghosting no es ni más ni menos que una siniestra manera de acabar con las relaciones en la era digital, y si es en cuarentena, peor aún. Podría definirse como una cruel manera de anular una relación de tu vida. Se diferencia del zumping, conocido como el arte de romper una relación mediante Zoom o cualquiera de las plataformas virtuales de uso cotidiano en estos tiempos.  

Explayémonos un poco. Seguramente a muchos les ha pasado alguna vez de conocer a alguien, intercambiar redes sociales, teléfonos, tener algunos encuentros apasionados, y de repente, sin explicación alguna, se esfuman. La persona con quién te habías empezado a ilusionar o ya tenías una confianza construida desaparece de tu vida, sin previo aviso, desechándote, descartándote, haciéndote sentir la nada misma, desvalorizándote por ese rechazo repentino que te deja estupefacto, desconcertado, con más preguntas que respuestas.

¿Qué sucede cuando esos encuentros apasionados se dieron infringiendo la ley del aislamiento social obligatorio? Suponiendo que dos personas ya se conocían de antes, deciden verse e infringir la ley para hacer “más ameno” el encierro: comparten cenas, películas, charlas, buen sexo, y, un día, como paciente de gravedad diagnosticado con COVID-19 que se lo lleva una ambulancia, desaparece.

Al igual que el coronavirus, el ghosting aún no tiene cura: penetra y destruye tus células multiplicando la angustia, haciendo que te desintegres como ser humano causando estragos en tu estado emocional. La principal consecuencia se da sobre el autoestima de la persona dañada. Un duelo sin despedirse del “muerto por COVID-19”, solamente teniendo un conjunto de especulaciones obsesivas acerca de tal desenlace. 

El “ghoster o infectado”, por su parte, puede sufrir algún tipo de remordimiento y culpa –no así en el caso de los psicópatas, que no tienen registro del otro-, por haberse esfumado de la vida de otra persona sin motivo alguno. Pero, según los expertos, el principal móvil para actuar con tal malicia radica en la imperiosa necesidad de evitar el conflicto o en la incómoda verdad de la falta de interés. 

Los dañados en cuarentena por esta cruel práctica de seres oscuros con quienes mantuvieron un cuasi-vínculo más enfermo que cualquier virus mortal, ¿tienen acaso que salir a cazar fantasmas? ¿Tienen que arriesgarse a la búsqueda desesperada, evadiendo controles, aplicaciones y fuerzas de seguridad? Dudo que haya permiso de circulación para eso. Ahí es cuando recuerdan las víctimas de tal barbarie, que el Estado, definitivamente, te cuida.

Valeria Guerra
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Lic en Ciencias de la Comunicación (UBA). Posgrado en Comunicación Corporativa (UADE). Maestrando en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones (Universidad Austral). Periodista agropecuaria. Comunicadora en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

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