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El Freud de la Villa: “No hace falta ser discípulo de Borges para escribir”

Damián Quilici viene de Las Tunas, un barrio humilde de General Pacheco. Un día renunció a su empleo en la fábrica y comenzó a hacer arte a través del humor y la literatura, siendo la voz de los sectores más marginales. Construyó el personaje “Freud de la Villa”. Hoy en día ya lleva escritos más de 20 libros y tiene miles de seguidores en sus redes sociales. En una entrevista con PostPeriodismo cuenta sus inicios, la época en que “prostituyó” el humor, y su amor por la poesía y los relatos cortos. 

¿Cuándo decidiste renunciar a tu trabajo y empezar a hacer arte?

Escribo desde los 14 años, pero tuve que salir a trabajar de chico en un taller mecánico, y el tema de la literatura pasó a un segundo plano. Trabajaba mucho en fábricas matalúrgicas o alimenticias. En la última que estuve fue PepsiCo hasta 2012. Estaba de licencia en la fábrica y un día paseando por la calle Corrientes por el Paseo La Plaza, me dieron un volante que decía show de humor, de stand up. Yo no entendía lo que era.  Entré a ver el show y me re gustó. Llegué a mi casa y me puse a mirar videos de stand up, y dije qué bueno sería hacer algo distinto. Cuando uno nace en los lugares vulnerables y carenciados piensa que está destinado a laburar siempre en la fábrica, como hicieron mis abuelos, mis tíos, que se jubilaron en fábricas.  Averigüé qué se podía estudiar. Me anoté en el curso más barato que había en ese momento que eran 250 pesos por mes, y ahí volví a escribir en este caso humor, hasta que hice la muestra arriba de un escenario y me fue bien. Empecé a presentarme. Imaginate de venir del barrio Las Tunas, en Pacheco, que está lejos muy lejos del arte, y empezar a subir a escenarios en la calle Corrientes, haciendo monólogos sobre el conurbano. En ese tiempo no existía, porque el stand up en si estaba orientado a la clase media/alta. Yo hablaba de las vivencias del conurbano me fui destacando y empecé a autogestionar mis propios shows, luego me fueron llamando distintos productores. Empecé a ganar más plata con el stand up que con la fábrica y renuncié. 

¿Cómo surgió el personaje “El Freud de la Villa”?

Al tiempo de renunciar me empezaron a agarrar ataques de pánico. Era muy raro. Los pibes en el barrio se me reían en la cara. Me atendió un psicólogo del Hospital de Pacheco que había estado preso en Sierra Chica, que se recibió dentro de la cárcel y hablaba en lenguaje tumbero. “Vos tenes que rescatarte amiguito”, me dijo. Quedé flasheado, llegué a casa e hice una página: El Freud de la Villa, en homenaje al psicólogo. Cuando trabajaba en la fábrica me mandaban a Palermo con psicólogos “re chetos” y yo no entendía nada. Dije que bueno un psicólogo que hable en mi idioma. Al principio era una página de memes. Pero la gente empezó a enviar sus consultas pensando que era una página de psicología de verdad y  me mandaban sus problemas turbios y tuve que salir a escribir que nada que ver. 

¿Cómo empezaste a postear tus escritos y qué repercusión encontraste en la gente?

Empecé a subir las poesías que tenía de hace un montón escritas que no me animaba a publicarlas. Y después subía los domingos lo que escribía, y lo empecé a tomar como algo serio. Se empezó a viralizar. Y recién el año pasado me dediqué mucho más al Instagram. En un año conseguí 100 mil seguidores. Esto se dio porque había escrito la novela en tiempo real “La Piba que me gusta”, y que fue declarada de interés cultural por la Legislatura Porteña, porque llegó a las manos del diputado Mariano Recalde. Era un librito que yo mismo saqué fotocopias y lo vendía en los shows de stand up. Me lo sacaban de las manos. En esa novela escribía lo que pasaba en el día. Es lo que estoy haciendo ahora con la que estoy escribiendo “Te vas a acordar de mi”. Me levanto a la mañana y a la noche ya estoy subiendo capítulos. 

Y es lo que te da de comer… 

Si. Y fue así que se empezó a viralizar un texto y empecé a tener cada vez más seguidores y empecé a escribir historias de sucesos que habían ocurrido en el barrio. Además escribo poemas. Lo hago  todos los días, me lo tomo como un trabajo de oficina, escribir a tal hora, publicar a tal otra. La literatura ayuda a un montón de gente que no se anima a publicar. Hay gente que piensa que para escribir poesía o un libro tenes que ser hacer una carrera de 6 años. Yo vendo libros online sin intermediarios y porque soy autogestivo. La venta directa de autor a lector. No pasa por editorial. Me mandas un mail y te contesto yo.  Vendo online en formato pdf, lo pongo a precio de una cerveza para que le llegue a todo el mundo porque es un formato digital. Por otra parte tengo contrato firmado con la editorial Sudestada. Ahora va a salir un libro que se va a llamar “Mamá luchona y otros relatos”. El proyecto se frenó por la cuarentena pero ya están publicando adelantos y demás. Después yo me autoedito los libros y subo 10 de 20 capítulos, y los otros son exclusivos para los que compran el librito. A la fecha tengo 23 libros cortos, 23 libros y está por salir “Te vas a acordar de mi (parte 4)”. Saco uno por mes, o cada dos meses. Los de poesías saco 2 en un mes. Las historias empecé a compilar para que no se pierdan en las redes y ofrecerlas también. 

¿Qué público te consume?

Me consume mucha gente progre. Me quise desligar del stand up villero para no estar catalogado, porque yo soy más que eso. No es que voy a hablar siempre de la gaseosa Manaos y la delincuencia. Pienso que hay que dejar un mensaje, de hacer humor pero también hacer conciencia social. A mí me gusta reirme del de arriba, no del que es igual que yo, como hacen muchos comediantes. Irónicamente la gente de la villa no consume stand up, no me consume a mi pero por ahí consume algo más popular o clasista, elitista, porque le llega, no porque no le guste lo que hago. La gente piensa que vas a contar chistes, y no son chistes, son monólogos  y no entiende porque no lo consume. No es que no le guste. 

¿Cómo fueron los inicios del stand up?

Al principio cuando arranqué como era la novedad iba a actuar a lugares de mucha plata, eventos privados. Era una especie de “prostitución” del humor, porque te pagaban y tenías que hacer reir a 20 millonarios en un country en Pilar, hablando de la pobreza. Una vez me contrataron para ir a un country en Ituzaingó  y les cobré 3 mil pesos -hace un año y medio- (dije no los voy a matar). Hice un monólogo y después venían otros que les habían pasado 150 mil pesos. Me quería morir. Vi que en el evento había botellas de champagne Don Perignon de 15 mil pesos cada una. Dije valgo menos que una botella, y ahí hice un parate y deje de hacer eventos, y me dediqué más a la poesía y relatos y entremezclado con el humor.

¿Tus historias son verídicas o ficticias? A veces hablas en primera persona, y otras en tercera…

“Te vas a acordar de mi” es una historia verídica y la escribo en tercera persona, salvo algunos comentarios. Y este último que salió que es “Si te encontrara”, son historias de seguidores que me mandan y las leo y si me atrapan empiezo a indagar y las narro yo como si fuese una nota en el diario. Me gusta jugar un poco a ser periodista también. 

¿Alguna vez te censuraron? 

En general no. Lo que sí me pasó es que cuando ganó Macri hubo un montón de productores que me dejaron de llamar. Ahí sí hubo una pequeña grieta, no censurado pero no me llamaban. Ahora cuando empecé a autogestionarme me desligué del ambiente del stand up y empecé a hacer la mía y tan mal no me va.

¿Abordás temas de violencia de género y de igualdad de género en tus escritos?

“Mamá luchona” habla de eso. He escrito historias sobre dos chicas lesbianas, historias de seguidores. Soy muy abierto, sin prejuicios. Cuando pasó lo del asesinato de Fernando Sosa en Villa Gesell, escribí un poema que se viralizó y se sintió tocada un montón de gente. “Tan María que duele” también habla de eso y “Amor obrero” también sobre violencia de género. Son historias que pasan a diario que hay que retratarlas y no todas tienen finales felices. Hay que escribirlas sino están invisibilizadas. La vida no es una serie de Cris Morena, donde todo termina bien. 

¿Algún mensaje que quieras dejarle a la gente de los sectores más vulnerables?

Soy anti meritocracia. Pero a todos les diría que hay una salida, a través del arte o lo que sea, siempre hay salida. Hay gente que está pasando hambre y no le voy a decir, che, ponete a escribir si hace dos días que no come. SI hay salida hay esperanza. Lo importante es sacarse el estigma de adentro. En Instagram ahora dice “El Freud”, me saqué el estigma del stand up villero. Yo escribo como cualquier otro. Que tenga otras formas lo discutimos. Uno cuando tiene ganas de expresarse se expresa como sea,  no hace falta ser un discípulo de Borges para escribir una historia. Y yo que no tengo estudios secundarios, puedo hablar mucho al respecto.

Valeria Guerra
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Lic en Ciencias de la Comunicación (UBA). Posgrado en Comunicación Corporativa (UADE). Maestrando en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones (Universidad Austral). Periodista agropecuaria. Comunicadora en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

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