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(de)Construir al enemigo

Las industrias culturales globales establecen ciertos estándares de consumo que rompen toda ingenuidad en el mundo del infoentretenimiento. Ya no se trata de cómo leer al Pato Donald (Trump) sino de poner a contraluz la política cultural como una parte más de la política exterior. En este caso, Joe Biden se suma al eterno minué que bailan demócratas y republicanos en Estados Unidos. Todo bajo la pluma exquisita de Jorge Moyano que pone en crisis quiénes son «los buenos» y «los malos».

Alcanza con ver los primeros diez minutos del piloto de la exitosísima serie Homeland para darse cuenta de algo (tranqui, sin spoilers): los malos son siempre los mismos. Con un valor agregado: han ido más allá, al convertir como “suyo” a uno de los “nuestros”. Y es que a pesar de que la serie está inspirada en una producción original israelí -en donde el conflicto es con el Líbano- la casa matriz política reconfiguró los estereotipos originales en esta adaptación al siempre castigado Afganistán y a la causa yihadista. 

Tras ocho brillantes temporadas, la serie cumplirá en 2021 diez años desde su primera emisión. Parece ser que los comienzos de década siempre nos remiten al conflicto que, en mayor o menor medida, nos vinculan con Oriente Medio (si, omitiremos la discusión sobre si la nueva década comenzó este año o en 2020, y nos quedaremos con la primera opción). Pues también este año se cumplirán diez años de la Primavera Árabe, veinte del atentado a las Torres Gemelas y treinta desde la Guerra del Golfo, entre otras efemérides.

Será el año del comienzo de una nueva administración en la Casa Blanca tras el paupérrimo devenir de la gestión Trump y, aunque uno pueda suponer que el regreso demócrata en la figura de Biden puede encarnar mayor equilibrio y, en consecuencia, noticias más alentadoras para América Latina en tiempos de pandemia y renegociaciones de deuda, lo cierto es que difícilmente el lobo cambie su piel de lobo. Nótese que no utilizo la figura en alusión al autodenominado “Yellowstone Wolf”, también conocido como QAnon Shaman, alias el loco del disfraz que tomó el Capitolio en la foto final de la desesperada embestida republicana por conservar su poder, sino más bien por la frase exacta que, en su momento, utilizó Julian Assange para definir a la perfección al propio Donald Trump. 

Es que si bien hoy la imagen que devuelve el póster muestra a Joe Biden como la representación de la racionalidad y la cordura frente a lo que fue el súmmum de la antipolítica y gobernar vía 280 caracteres, serán su política exterior y económica las variables que desnuden el verdadero propósito ulterior de una potencia mundial con olor a rancio, que querrá recuperar su lugar en el tablero geopolítico actual. Y, para ello, la clave será construir, deconstruir y reconstruir la figura de un nuevo enemigo. 

A menos de un mes de su asunción, lógicamente Biden luce con veinte años menos, rubio y de ojos celestes; con sintagmas progresistas, un gabinete igualitario como nunca antes. Y explotando el imán que posee su VP Kamala Harris, transita los famosos primeros cien días de gobierno en pleno romance idílico con el cuarto poder que se caracterizan por la toma de decisiones de fondo que permitan enderezar el auto y colocarlo de nuevo en el camino del éxito. Entre ellos, la de reconfigurar la relación con China; vilipendiado y hallado culpable de todos los males de esta pandemia bajo el dedo acusador de Trump. Reestablecer el vínculo con el gigante mundial hoy es clave para el crecimiento de una economía golpeada como la norteamericana, y será un arduo trabajo deconstruir en el inconsciente colectivo la imagen denigrante que sembró el ex POTUS sobre los chinos como creadores y propagadores del virus, entre otras barbaridades.         

Algo similar sucederá en la relación con los latinos y en especial con México en el orden interno, ya que derribar el muro ideológico y racista que construyó Trump implica mucho más que tirar abajo unos cuantos ladrillos a la hora de reconstruir la imagen con un actor fundamental para la economía formal e informal de los Estados Unidos. 

Entonces, ¿todos los cañones vuelven a apuntar a Medio Oriente? En principio, hay decisiones alentadoras que permitirían dudar de ello: restituyó la ayuda a los Palestinos y se acaba de anunciar el cierre del financiamiento vía venta de armas a Arabia Saudita y los Emiratos para las operaciones en Yemen, algo a lo que Trump había destinado billones de su presupuesto. ¿Significa esto el fin de la carrera armamentística y el cierre de todas las operaciones militares? Claro que no. 

Volviendo a Homeland, la idea de que un héroe marine sea corrompido por el Islam y convertido en un terrorista occidental es el leitmotiv de los primeros capítulos de una serie que desnuda el miedo auténtico de una sociedad cuya idea del enemigo interno se ha instalado para quedarse, así como ayer en la ficción hoy en la realidad en otras formas de manifestarse: el odio racial (BlackLivesMatter) y las políticas migratorias, por nombrar solo dos. 

Tan esperanzador como utópico, quizás es la hora señalada de mirar puertas adentro, reconfigurar las prioridades y asumir que la grieta interna que dejaron los últimos cuatro años puso en manifiesto el verdadero enemigo al que debe combatir Biden: el idílico sueño americano.     

Jorge Moyano
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Periodista e investigador, con tesina en construcción de su licenciatura en Cs. de la Comunicación (UBA). Con más de 20 de años de trayectoria en radio, trabajó en AM, FM y actualmente conduce desde 2018 el magazine Vientos de Colores los jueves de 21-23hs por Radio Emergente. Integrante de la Dirección General de Cultura de la HCDN, dónde realiza locuciones, conduce eventos y desarrolla estrategias de comunicación. Nacido y criado en Ituzaingó pero con el corazón #todorojo en Avellaneda.

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