Close

De sistemas, libros y papeles, un oficio extraordinario

Antonio Pérez Botta o Tony, como le dicen quienes lo conocen, trabaja sobre el cuidado de la memoria de la sociedad. Lo hace de manera transversal, interdisciplinaria. Porque, dice: “la conservación tiene una relación directa con la materialidad del objeto”. Por eso lo piensa desde el punto de vista de la obra, centrándose en una mirada simbólica, “que contempla también lo político, lo social, lo cultural”.

Sistemas, química, libros, papel, filosofía, política, archivos, conservación, catástrofes, ambiente, cultura, objetos, sociedades, pueblos. Las palabras quedan enredadas en la extensa barba que envuelve su cara, sólo un par de ojos azules se asoman limpios entre esa espesura. Abre la ventana y se quita el barbijo, las hojas sobre la mesa empiezan su danza tambaleante con el viento. 

Como las diferentes variedades de color blanco que los esquimales pueden distinguir, podría sospecharse que en esa oficina hay mucha más diversidad de papel que las que el simple ojo de una cronista podría detectar. El gramaje, el ph, el tamaño, las formas.

Pérez Botta nació en la Ciudad de Buenos Aires, en 1963. Hace más de 22 años que se dedica a la preservación y conservación  de bienes y patrimonios culturales, es Licenciado en Bibliotecología y Ciencias de la información, Licenciado en química y Especialista en Ingeniería en Calidad por la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), entre un puñado de muchas otras cosas más. De todo su extenso curriculum y trayectoria Pérez Botta prefiere el trabajo comunitario, el aula, dar a conocer el estudio y los procesos de la cultura “desde otro lado, con lo que ella representa, con sus materialidades”. La formación docente, dice, viene de familia.

En la actividad de conservación – restauración de objetos culturales, existe la Preservación: las actividades previas de cuidado que se hacen de esos materiales. Dentro de ellas el plan de emergencia es el plan de preservación por excelencia. En el año 2009, Perez Botta se encontraba diseñando un sistema de salvamento de objetos cuando una inundación sorprendió al pueblo de San Antonio de Areco en la Provincia de Buenos Aires. Así fue que presentó el Plan de emergencia para la preservación del material del museo del pueblo «Ricardo Güiraldes» y junto a otros colegas, empezó la tarea de restaurar el papel y archivos históricos que allí se encontraban. “Como era un museo temático, el Ricardo Güiraldes, había alli desde documentación de Rosas y la Federación, hasta ponchos, animales embalsamados, pinturas, guitarras, monturas”. Sobre esa diversidad de materialidades trabajan quienes se especializan en la conservación –  restauración. 

Luego, a lo largo de los años, también se enfocó en los planes de emergencia de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, de la Comisión Nacional de Energía Atómica, en la Biblioteca de esa Legislatura porteña «Esteban Echeverría» y en otros sitios que no puede referir por haber firmado pactos de confidencialidad. 

Pensar en el sistema, no como circuitos electrónicos, con cargas y polaridades. Sino desde  una mirada que podría parecer metafísica. “El sistema es el objeto y es el espacio”, dice.  “Cada sistema -agrega- es, a su vez, un subsistema. Un libro es un subsistema, cada hoja de ese libro también. A medida que se va abriendo ese sistema se va restaurando, se va conservando o preservando. Sobre el objeto se restaura, cuando se está con los objetos en su contexto se conservan, y cuando se está por fuera de todo esto, cuidando desde el edificio hasta el objeto, se lo está preservando.” 

El oficio es antiguo, la disciplina no 

Las técnicas sobre la conservación – restauración, comenta Pérez Botta, tienen que ver con el hito de la inundación de Florencia en 1966. “En ese momento se encontraron conservadores y restauradores de distintas partes del mundo y esto produjo que se juntaran las técnicas, se empezó a usar el papel japonés como elemento de conservación para los libros. Allí nació en cuanto a bibliotecas y archivos la conservación – restauración”, explica. En nuestro país recién en el año 2000 comienza la carrera en la Universidad Nacional de las Artes, antiguamente IUNA, y poco después en la Universidad del Museo Social Argentino, UMSA. 

Con papel, con aguja e hilo, con escuadras, lápices, cartón, tijeras, en la habitación contigua una compañera arma cajas de guarda para un archivo en el que están trabajando. Oficio, taller, química, arte, se enlazan uniendo pedazos de historias, de Historia también con mayúscula. 

Pensar situado. “Se tiene que hacer una construcción más fuerte desde lo nacional, muchos de los materiales bibliográficos con los que nos manejamos son extranjeros, pero las técnicas de fabricación de los objetos en América son distintas a las de Europa, entonces los métodos también son diferentes”, sostiene.  

“Las emergencias tienen que ser abarcadas desde la prevención del riesgo y desde la resiliencia”, comenta y agrega que los problemas que pueden sufrir los bienes culturales de un pueblo tienen que ver con “esta cuestión del hombre, con lo que está generando en el ambiente más que con los conflictos que puedan llegar a tener los objetos pensados como accidentes casuales”. Que se desborde un río, que surjan constantes focos de incendios, la pandemia, los bienes culturales, el medioambiente, el modo de producción, todo está vinculado. Pérez Botta une fragmentos de la realidad resquebrajada para explicar su oficio, sus tareas cotidianas. Para conservar, preservar, restaurar los bienes culturales enlazando disciplinas, saberes y palabras.

Lucía Sadras
+ posts

Eligió la carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA) mas bien como una caminata, que ya va terminando. En el medio trabajó de camarógrafa, editó y produjo documentales. Lee hasta llorar. El registro audiovisual fue su primer amor, pero está abriendo su relación con la palabra escrita.

scroll to top