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100 años de María Luisa Bemberg: transgresión, creatividad y construcción en red

“El discurso no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación, sino aquello por lo que, y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse”. Michel Foucault



En la primera mitad de la década del sesenta, la Ciudad de Buenos Aires fue el escenario para la aparición de agrupaciones feministas que discutieron los mandatos tradicionales en el amor, el sexo y los roles de género, poniendo a las mujeres -y su sexualidad- como principales protagonistas (Tarducci, Trebisacce, & Grammático, 2019). Entre sus precursoras se encuentra la prestigiosa cineasta y guionista María Luisa Bemberg, nacida en el seno de la alta burguesía un 14 de abril de 1922.

En una época en la que el feminismo era mal visto, Bemberg transgredió el mandato la buena mujer ligado al hogar, y participó en la fundación de la Unión Feminista Argentina (UFA), en 1970 y de la Asociación “La Mujer y el Cine”, en 1988. El objetivo de estas apuestas fue la de generar narrativas propias, romper estereotipos de género, promover a otras mujeres e impulsar la base de derechos que hoy ostentamos.

La idea de la UFA fue constituir círculos de reflexión y autoconocimiento, llamados “de concienciación”, acerca de la sexualidad, la maternidad y el vínculo con el dinero. A través de la lectura de textos de feministas extranjeras como Simone de Beauvoir, Virginia Woolf y Kate Millet -que eran traídos de Estados Unidos y Europa para luego ser traducidos- se puso en debate las pautas de comportamiento consideradas normales y correctas con relación al sexo, mostrando la articulación entre la dimensión sexual y la política.

A su vez, mediante acciones en el día de la madre, intentaron mostrar el carácter político del mandato maternal y reclamaron el fin de los abortos clandestinos con panfletos que señalaban un día cotidiano de la mujer limpiando, cocinando y cuidando a las criaturas mientras la televisión le ordenaba que “sea bella y use una crema”.

Problemática que también estuvo presente en el trabajo de María Luisa Bermberg: en el guión de Crónicas de una señora señala que “hay que haber tenido hijos para saber que no me bastan”. Podría pensarse en la influencia del libro La mística de la feminidad de Betty Friedan, sobre el malestar sin nombre de la mujer, producto de concebir una esencia de la femineidad ligada al hogar. Pero lo cierto es que, en numerosas entrevistas, Bemberg explicó que el amor maternal no le basta, que ella tiene una necesidad de explotar su creatividad, su pasión, inteligencia y vitalidad en algo más que en los quehaceres de la casa.

Su trayectoria militante une ineludiblemente al cine y al feminismo; en sus propias palabras: “A través de mis películas me propuse modificar la imagen de la mujer en el cine, que es la que suelen dar los varones. Siempre está en el rol secundario, es la que da la réplica, el chiste, el gag. El conflicto es siempre masculino y la mujer siempre es la madre, la noviecita buena o la puta. Nada de eso es un ser humano completo. Entonces me dije: está bien, dejémoslo, es la visión masculina. Voy a dejar de quejarme de lo que hacen los hombres y voy a tratar de hacer lo mío para proponer una mirada diferente que pueda servir a las mujeres”.

La exitosa filmografía, de estilo intimista, comprendió al arte desde su vínculo político a través del régimen de lo sensible. Allí expuso una visión crítica de la situación de opresión en la vida cotidiana de las mujeres de la clase alta y media, la división sexual del trabajo y la implicación de lo público sobre lo privado. A la vez que ofreció imágenes de mujeres como sujetos deseantes, con aspiraciones intelectuales y con igualdad de capacidad que los hombres; en contraposición a la representación de las mujeres como mero objeto de la mirada masculina.

En sus producciones exploró una mirada femenina en el cine nacional, en la que buscó provocar a su audiencia y expresar su descontento con el sexismo, al que consideró como la primera expresión fascista, y como una mirada sumamente reaccionaria sobre el mundo. Pero también se permitió soñar y poner en la pantalla grande a mujeres que tuvieron el valor de transgredir los mandatos culturales, tomar sus decisiones y elegir su camino. 

Por su parte, la Asociación “La Mujer y el Cine” se propuso estimular a las mujeres en los roles de liderazgo de la industria cinematográfica y difundir su producción, para poder decidir qué contar, cómo se va a contar y desde dónde se va a contar. Pasos que establecieron el espacio para la aparición, el desarrollo y la multiplicación de nuevas directoras y de mujeres en espacios técnicos (Tundis, Minella, 2013).

En una búsqueda de sí misma, María Luisa Bemberg ingresó al cine a los 50 años, en un momento en el cual la industria cinematográfica era parte del mundo de los hombres, y lo hizo con el compromiso de convencer y persuadir sobre los derechos de las mujeres. Y así como no le bastó el mundo doméstico, tampoco le bastó la salida individual que obtuvo -en parte gracias a sus privilegios de clase-, y buscó también crear redes para la emancipación de otras mujeres desde su activismo en la UFA, en la Asociación y en sus propias producciones. 

A un siglo de su natalicio, como mecanismo de justicia y de agradecimiento, queremos visibilizar a María Luisa Bemberg por su tenaz activismo contra las violencias simbólicas, expresados en sus obras: sus dos cortos, El mundo de la mujer (1972) y Juguetes (1978); y en sus seis largometrajes: Momentos (1981); Señora de nadie (1982); Camila (1984); Miss Mary (1986); Yo, la peor de todas (1990); De eso no se habla (1994).

María Luisa Bemberg murió en Buenos Aires el 7 de mayo de 1995, a los 73 años, enferma de cáncer, mientras trabajaba en el guion para su película El impostor -basada en un cuento de Silvina Ocampo- que luego, en 1997, fue estrenada. Sus películas, guiones y entrevistas se encuentran disponibles www.marialuisabemberg.com.

 

Este artículo fue publicado originalmente en FENA.

Ximena Pruyas
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Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) y Diplomada en Estudios Feministas.

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